Viejas placas del Corazón de Jesús en las puertas de nuestros domicilios

Algunas placas del Corazón de Jesús en puertas de domicilios de Campanario. /Z. DE LA CRUZ
Algunas placas del Corazón de Jesús en puertas de domicilios de Campanario. / Z. DE LA CRUZ

«Este año se cumple el centenario de la Consagración de España al Corazón de Jesús realizado por Alfonso XIII en el Cerro de Los Ángeles, en Getafe»

ZACARÍAS DE LA CRUZ ESCUDERO

Recorro cada día, desde hace años, las distintas calles del pueblo y otras zonas, y como ya no dan más de sí, no me queda más remedio que volver a hacer la ronda y repetirla una y otra vez ya sea con lluvia o niebla, con frío o calor. Son muchos los años que llevo callejeando y haciendo esas caminatas diarias conocidas como del «colesterol». Durante el recorrido tienes tiempo de pensar en todo, de fijarte en todo y ¡mira por dónde!, en esta ocasión, con motivo del primer centenario -este año- de la Consagración de España al Corazón de Jesús realizada por el rey Alfonso XIII en el Cerro de los Ángeles de Getafe, en 1919, me he fijado en algo que desde mi infancia me ha llamado siempre la atención y se muestra, tanto en el exterior, como en el interior de las puertas de muchos de nuestros hogares: son unas placas con el busto del Corazón de Jesús. Es ésta una práctica religiosa muy extendida en Campanario y muchos otros lugares del mundo.

Vamos a trasladarnos al último tercio del siglo XVII. Vivía, por entonces, en Francia, una monja de la Orden de la Visitación de Santa María llamada Margarita. Tenía 25 años de edad y una gran devoción al Santísimo Sacramento. Jesús se le apareció en varias ocasiones y en una de las de 1674, mientras oraba ante el Santísimo, vio el corazón de Jesús coronado de espinas, rodeado de llamas, con una llaga abierta que derramaba sangre y encima del corazón una cruz. A través de sus apariciones, Jesús fue haciéndole una serie de promesas y de peticiones.

Esta figura del corazón -descrita por Margarita- fue la que dio lugar a la devoción de imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, como la que los feligreses de Campanario podemos venerar en el retablo de la Capilla del Sagrario de nuestro pueblo, acompañada, a su izquierda, de la de Santa Margarita-María Alacoque, la gran impulsora de esta devoción, que sostiene entre sus manos y nos muestra un recorte de tela bordada con la imagen de un corazón con esta leyenda: Detente, el Corazón de Jesús está conmigo. Ella misma los llevaba sobre su pecho. A estas telas y sus posteriores formas las conocemos con el nombre de «Detente».

El jesuita español Beato Bernardo de Hoyos (n. 1711) junto con los jesuitas, fue el gran impulsor en España, en América española y en Filipinas de la difusión de la devoción al Corazón de Jesús. Al «Detente» primitivo de tela se le unió, posteriormente, otro modo de extender la devoción: fueron las placas metálicas conocidas en un principio como «Escudos». Éstas comenzaron a colocarse en las fachadas y puertas de las casas. En Campanario, como en todo el mundo católico, estas placas o «Escudos» tuvieron como fin hacer pública y permanente la devoción que tenía al Corazón de Jesús aquella familia que las colocaba en su casa. Su colocación fue masiva en nuestro pueblo y lo deducimos por la cantidad que aún subsisten. Tal es así, que a día de hoy es rara la calle -no hablo de las nuevas- que no exhiben en muchas de sus puertas estas placas-detente. En otras se ven menos porque las han pintado del mismo color de las puertas, o las han quitado, o simplemente han cambiado de puertas y no las han colocado en las nuevas. Otras muchas placas están colocadas en el interior de esas puertas.

Uno de los momentos fuertes de esta devoción en España coincide el primero, con los años de su consagración pública de al Corazón de Jesús (30 mayo de 1919) por el rey Alfonso XIII, al igual que se estaba haciendo en otras grandes ciudades del mundo católico. Para este acto se construyó un gran monumento en el Cerro de los Ángeles, en Getafe, centro geográfico de España; pero al paso de unos años -pocos- el día 7 de agosto de 1936, un grupo de milicianos del Frente Popular «fusiló» la estatua del Corazón de Jesús y el monumento lo dinamitaron porque no pudieron destruirlo de otro modo. El otro momento fuerte coincide con los años de la reconstrucción del monumento destruido ordenada por Franco. La reconstrucción duró desde 1944 a 1965 en que fue inaugurado el monumento actual. Por estas fechas fue grande la implantación de placas y detentes –ahora en forma también de escapulario- haciendo con ello buena una de las promesas del Sagrado Corazón en sus apariciones a santa Margarita y al beato Bernardo de Hoyos: Bendeciré las casas en las que la imagen de mi Corazón esté expuesta y sea honrada.

Fue tanto el impacto que causaron en el mundo católico las apariciones del Corazón de Jesús, sus mensajes y promesas, que a lo largo de los siglos se ha ido creando una red inmensa de templos, basílicas y monumentos dedicados a Él. Al amparo de estas manifestaciones de Jesús nacieron Congregaciones Religiosas y un sinnúmero de actos litúrgicos y devotos que han llegado hasta nuestros días, actos que seguimos practicando innumerables creyentes.

La Iglesia universal celebra oficialmente esta fiesta desde en 1856, aunque desde el año 1765 estaba permitida su celebración litúrgica en lugares muy concretos. En la actualidad se celebra el viernes siguiente al domingo del Corpus Christi. Muchos papas han escrito documentos diversos sobre esta devoción y cuatro de ellos encíclicas. León XIII consagró el género humano al Corazón de Jesús. La República de Ecuador fue el primer país del mundo que fue consagrado a Él (1854); posteriormente, su gobierno ordenó que se construyera la gran Basílica llamada del Voto Nacional y, así, le siguieron otros muchos países… España, como hemos visto, lo hizo en 1919. Lisboa inauguró su gran Basílica al Corazón de Jesús en 1790; París, el Sacré Coeur en Montmartre comenzó su construcción en 1875; Roma Il Gesú en 1880-1887 y así en muchas capitales del mundo católico y en grandes y pequeñas ciudades.

El culto al Corazón de Jesús no es el culto a un corazón aislado y fuera de su cuerpo, no: el culto es a la persona de Cristo como expresión del amor de Dios y, la expresión de amor, nosotros la manifestamos a través del corazón; porque Jesús, como tú y como yo, tiene Corazón. San Juan Pablo II decía en relación a esta devoción que es «celebrar el amor amando… porque el corazón habla al Corazón»; por eso, quiero terminar este pequeño artículo, hablando también «de corazón a Corazón» y repetirle esa corta, pero intensa oración que es la jaculatoria: «Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío». Quiero hacerlo sin complejos, sin respeto humano, sin miedo al qué dirán. Muchos de nuestros padres así lo hicieron, y para que quedara bien claro, clavaron en las puertas de su casas la placa o «escudo» y otros entronizaron su imagen en la mejor sala de su vivienda.

Estamos en el año jubilar de la Consagración oficial de España al Corazón de Jesús. Han pasado 100 años desde este hecho. Hoy lo hemos recordado, al contar la historia de esas muchas placas que aún subsisten en nuestro pueblo y son testigos mudos del auge de esta devoción en el mundo católico.