Uno de los contenedores está instalado en la Universidad Popular. / SOL GÓMEZ

La solidaridad en forma de tapones de plástico

Juan Pedro Gallardo se encarga de la recogida, a la vez que reivindica mejores políticas sociales que ayuden a personas con discapacidad

Soledad Gómez
SOLEDAD GÓMEZ

Cada vez son más las personas concienciadas de los beneficios del reciclaje, sobre todo cuando, además de tener fines medioambientales, también los tiene solidarios. Es el caso de la recogida de tapones de plástico que se realiza en Campanario, a través de diferentes contenedores. En uno de los casos, es en los dos corazones de metal, ubicados en el Parque, junto a la parada de autobuses, y en el Barrio de la Ermita, en el 'Templo'. Pero también los podemos encontrar en algunas tiendas, el colegio o establecimientos municipales como el contenedor de la Universidad Popular. Con esta recogida solidaria de tapones se contribuye a ayudar a financiar diferentes iniciativas sociales. Lo sabe bien Juan Pedro Gallardo, que se encarga desde hace un tiempo de retirar todos esos tapones, «a veces lleno varios sacos», cuenta.

Su labor comenzó cuando su hijo entró a formar parte de la Asociación de Epilepsia de Extremadura (AEDEX) en 2018. Entre otras cosas, esta entidad se encarga de recoger los tapones de toda la región y, en el caso de Campanario, es este vecino quien se responsabiliza «aportando así mi granito de arena». Tras la recogida, Juan Pedro los almacena en un local de su propiedad hasta que un furgón viene a llevárselos cada cierto tiempo. Después de reciclarlos, la asociación recibe algún dinero que emplea en financiar las acciones y terapias para los asociados. Desde la última vez que se los llevaron, en el mes de junio, hasta ahora, tiene acumuladas más de cincuenta bolsas con tapones.

Aunque cualquier gesto solidario es bienvenido, Juan Pedro sabe que lo verdaderamente efectivo para ayudar a las personas con discapacidad son las políticas sociales que entiendan cada situación y planteen medidas que les ayuden en su día a día. «Siento un gran enfado por la poca conciencia que hay en este país y la poca ayuda que reciben las personas que sufren epilepsia o con cualquier otra discapacidad», comenta.

En su caso, su hijo, ahora con 30 años, tiene este problema desde que cumplió los 14, a raíz de un tumor anterior ya superado. «Con la edad que tiene, nunca ha podido cotizar porque no ha trabajado, a pesar del grado medio en Electricidad y más formación en Sistemas de Calefacción», explica el padre. Y, aunque una vez encontró un trabajo, tuvo la mala suerte de sufrir una de las crisis de ausencia «y le dijeron que al día siguiente no volviera».

Uno de los corazones para recoger tapones en el Barrio La Ermita. / AC

Estos días están en Barcelona asistiendo a una revisión de su segunda operación que le realizaron hace unos meses. Tienen la esperanza de encontrar algún día una cura para su enfermedad y tener una vida plena «donde cesen las ausencias, pero sobre todo el riesgo de caídas».

El hecho de tener reconocido solo un 33% de discapacidad física «a raíz del tumor, no de la epilepsia» no es suficiente, afirma. Un reconocimiento mayor del grado de discapacidad permitiría poder percibir algún tipo de ayuda o paga «pero, a pesar de los informes médicos presentados, aseguran que no es insuficiente para aumentar ese porcentaje, y lo que yo creo es que es una injusticia».

Pero su hijo no pierde la esperanza ni la oportunidad para seguir buscando un puesto de empleo. De hecho, se está preparando para las oposiciones a Celador, «aunque sabemos que no es lo mismo medirse con personas con discapacidad física que intelectual, por lo que va a estar en desventaja», cuenta Juan Pedro. Éste añade que seguirá luchando para encontrar una cura a su hijo y que, mientras, se le pueda reconocer una discapacidad intelectual «ya que él es muy inteligente pero necesita más tiempo de respuesta».

Para todo ello, encuentran un apoyo en AEDEX y también en ADISCAM, la asociación campanariense de ayuda a las personas con discapacidad. Igualmente, agradecen a todos los vecinos que colaboran con la entrega de tapones y con la compra de participaciones de lotería de Navidad de la asociación regional.

Contenedores

En los contenedores y corazones solidarios se puede depositar cualquier tapa o tapón de plástico duro, procedentes de artículos de uso diario como son briks de leche, zumos, refrescos, agua o aceite. También son aptos los de envases de champú, suavizantes, detergentes, productos de limpieza, gel de baño, cremas, pasta de dientes y desodorantes. E incluso las tapas de los portalentillas, de patés o los pegamentos de barra y las capuchas de bolígrafos y rotuladores.