Sor Antonia, sor Prudencia, sor Luisa y sor Nati en la eucaristía de despedida. / CEDIDA

Adiós a las Hermanas de la Providencia

La falta de vocaciones hace que la comunidad religiosa sea cada vez más mayor y no puedan seguir solas con la misión

Soledad Gómez
SOLEDAD GÓMEZ

Hace unos días llegaba la triste noticia de que las últimas hermanas de la Providencia que había en Campanario se marchan. Triste, pero no sorprendente, ya que era algo que se veía venir. El motivo, la crisis de vocaciones que hay actualmente es España y en Europa. Sin duda, son muchos los que van a echar de menos a estas religiosas. En el último año, son sor Antonia y sor Prudencia las que han desempeñado la valiosa labor en Campanario, y también las que esta misma semana emprenderán su viaje para incorporarse a su nuevo destino. En el primer caso será a Badajoz y en el segundo a Vitoria, para ayudar en las residencias que tiene la comunidad. Además, sor Luisa, les ha acompañado en los últimos dos meses, para ayudar a recoger toda la casa antes de la marcha. Antes, una tercera hermana residía en el convento, pero se trasladó a vivir a una residencia dada su avanzada edad. Por tanto, ellas son las últimas pero desde que llegaron por primera vez en hace 65 años, han sido más de 40 las que han formado parte de la comunidad de la Providencia.

«Han sido años en los que hemos dado todo lo que hemos sabido y lo que hemos podido» asegura sor Antonia, campanariense de nacimiento. Un trabajo incansable que han llevado a cabo «unas veces muy bien, otras peor, pero aprendiendo siempre que nos hemos confundido», reconoce.

Sor Antonia es conscientes de los motivos de que poco a poco se vayan cerrando comunidades como la de Campanario. «No hay vocaciones ni gente joven que quiera dedicarse a la vida religiosa, mientras que nosotras nos hacemos mayores y no podemos sostener la misión solas», dice. No es algo nuevo, desde hace unos 30 años, señala que es difícil encontrar personal «ya que los jóvenes hoy tienen mucho de todo y buscan otros horizontes». No en vano, cuenta que ella se marchó de Campanario para ingresar en la comunidad religiosa en 1970, y desde entonces, solo otra vecina del municipio se ha hecho religiosa.

«En España no tenemos vocaciones», como sí ocurre en otros países o continentes como Haití, Brasil, India o en Benin (África). Añade que, en general, en Europa, hay una crisis de vocaciones, mucho más acentuada que en el resto del mundo.

En su caso, va a echar especialmente de menos su pueblo, donde también reside su familia. Y eso que está acostumbrada a servir allá donde se le ha llamado. En Campanario llevó a cabo la misión durante diez años, aunque después estuvo fuera de España otros seis, recorriendo varios países donde la congregación le encomendaba la labor. Finalmente, regresó hace tres años para volver a irse de nuevo.

«Siempre he estado muy a gusto aquí y me he sentido muy bien acogida», asegura. Ella ha jugado en esos años con ventaja, al conocer a muchos de los vecinos, con los que ha mantenido un lazo muy estrecho. No obstante, tras la marcha esta semana, volverá dentro de unos días para terminar de hacer algunos trámites y recoger cosas «y después regresaré cuando tenga vacaciones o a hacer algunas visitas a la familia». Es consciente de que el pueblo va a echarles menos «porque sabemos que están muy contentas con la labor que hemos desempeñado en este tiempo, sobre todo porque las primeras Hermanas lelgaron en momentos sociales difíciles».

Pandemia

Pero, también, han sido difíciles los dos últimos años. La pandemia ha limitado mucho su trabajo. No obstante han estado visitando y llevando la Comunición a los mayores «siempre con todas las precauciones para no generar peligro y muy poquito rato», y llamando a quienes sabían que estaban solos para charlar un rato.

Lo bueno de todos esos años son los frutos que ha dado syu labor, «porque la labor sembrada en mucha gente sabemos que se transmite». Se refiere al grupo Laicos Providencia. «Hay unos cinco grupos con diez o doce personas cada uno, que siguen el carisma de la Providencia y están abiertos a todo lo que necesita la parroquia, con labores muy deiversas», apunta.

A propósito de la noticia de la marcha de las Hermanas de Campanario, en un blog de información religiosa, se referían a este hecho diciendo que «no es que se vayan de Campanario, es que están próximas a desaparecer del mundo». Se trata, decía, de «otro eslabón más en esta ya larguísima cadena de abandonos que está haciendo desaparecer la vida religiosa en España». Y es que, según los datos ofrecidos en la web infovaticana.com, en 1973 eran 1.167 religiosas en 147 casas. El 1 de enero de 2020 ya solo quedaban 512 en 80 casas. Hoy, dos años después, y tras dos años de pandemia, serán algo más de 450 de las cuales 400 superarán los 70 años. «Así es fácil imaginar los próximos años, que a pasos acelerados llegará el adiós definitivo», concluía.