Josefa junto a sus cuatro hijos, y algunos de sus nietos. / HOY

Josefita disfruta de su Medalla y de la compañía de su familia

En la placa entregada se puede leer, en reconocimiento a su inestimable labor asistencial, social y humanitaria como matrona desde el año 1956

Soledad Gómez
SOLEDAD GÓMEZ

Las felicitaciones para Josefa Gómez han llegado en los últimos días por todas las vías posibles. Y aunque ella parezca mantenerse tranquila ante la revolución mediática causada y el orgullo que siente por ella todo un pueblo, en su corazón late esa felicidad de saber reconocida su silenciosa y entregada labor. Y es que recibir la Medalla de Extremadura por su trabajo como matrona en un entorno rural como el de Campanario durante décadas le ha hecho merecedora de ello.

Por fin esa medalla ya está su casa en la calle Parador, 8. Esa misma por la que durante muchos días se han ido parando los vecinos al ver la puerta entreabierta, para saludar a Josefa desde lejos o mandarle algún mensaje cariñoso a través de sus hijos.

Sin embargo, su edad de 97 años impidió que el 7 de septiembre pudiera acudir a recoger en persona este máximo galardón de su región. La encargada de hacerlo en su nombre fue su hija Ana Escudero, y sanitaria como ella.

Fue durante un acto en la sede de la Presidencia de la Junta de Extremadura en Mérida, y la recibió de manos de Isabel Manzano, presidenta de la Asociación de Matronas de Extremadura. Además de Ana, al acto también han acudieron algunos de sus cuatro hijos (José María, Goyo y Javier) , así como el Alcalde de Campanario, Elías López, que no quiso perderse el momento en el que la primera campanariense es distinguida con la Medalla.

Transmisora del agradecimiento

Ana supo transmitir la ilusión y el agradecimiento de su madre, que a edad no está en disposición de acudir a eventos de este tipo. Durante la intervención, en primer lugar, recordó a su abuela, también Josefa, «que desde principios del siglo XX fue una de las primeras matronas tituladas y le inculcó a mi madre el amor por la profesión y el cariño por su pueblo que éste ahora le devuelve», dijo.

Asimismo, quiso hacer extensivo el galardón a los profesionales de la sanidad, «a los de antes, que trabajaban con pocos medios, y a los de estos tiempos, que siguen en la lucha por el bien común».

Pionera

Finalmente, la hija de la galardonada expresó el orgullo que es para su madre recibir la Medalla, pero también todas las felicitaciones de estos días, «muchos de ellos han recibido un cachete de sus manos para poder aspirar la primera bocanada de aire de su vida». En su nombre, Ana agradeció el apoyo «a toda la región y sobre todo al pueblo de Campanario». Precisamente, la hija confesó emocionarse al entrar esa noche, ya de madrugada, en el pueblo tras el acto, pensando «Campanario, aquí te traigo nuestra primera medalla».

Un galardón que pone en valor las muchas vidas que desde 1956 Josefa ha tenido en sus manos, que su hija hizo extensivo a todos los sanitarios de la región durante el discurso de agradecimiento.

Pero al día siguiente, aseada y bien peinada Josefita esperaba impaciente en su sillón a que la puerta de la calle se abriera. Ella quería ver y tocar esa Medalla que tantos años ha tardado en llegar y que por fin llegó. Cuando su hija llegó le ha hecho entrega de una forma casi ceremoniosa tan valioso reconocimiento. Lo primero que hizo fue palparla bien en su mano y después lucirla durante un ratito colgada sobre su pecho. Ya ha buscado lugar tanto para la medalla como para la placa. La primera «estará cerca de mi cama», ha dicho, y la segunda colgada en el salón «donde yo la vea».

Y mientras no dejaba de mirar el brillo de la placa, no le quita ojo a al portarretratos que tiene a solo unos centímetros de su de su sillón. En la foto aparece ella y su marido, José Escudero. Si la foto se gira por algún movimiento involuntario, rápidamente se da cuenta y pide que se la enderecen, «para yo pueda verla bien», dice.

Una placa de espejo en la que se puede leer: «A la Excelentísima Señora Doña Josefa Gómez Sánchez. En reconocimiento a su inestimable labor asistencial, social y humanitaria como matrona desde el año 1956, su amor incondicional y dedicación a sus vecinos y su profesión, tanto en la localidad de Campanario como en el Hospital Comarcal de Don Benito-Villanueva».

Estos días, Josefa ha podido disfrutar no solo de su Medalla, sino de la compañía de sus cuatro hijos, JAvier, Goyo, José María y Ana, y de varios de sus 8 nietos, que le han entregado un ramo de flores.