Naiara y su abuela Ana María sujetan el retrato de su bisabuelo Bernardo, natural de Campanario. / JOSÉ MARI LÓPEZ

La historia no contada de Bernardo, el jornalero que murió preso en Orduña

La familia Rodríguez, procedente de Campanario, relata la historia de su abuelo, víctima de la represión franquista en 1938

MARKEL TRECET

Una noche de noviembre de 1938, en plena Guerra Civil, dos personas del bando franquista irrumpieron en la casa de Bernardo mientras cenaba junto a su mujer y sus cinco hijos para llevárselo. Nunca más lo volverían a ver. Su hijo Juan tenía 15 años mientras cenaba por última vez con su padre. Jamás volvió a verlo y tampoco habló de lo sucedido. En su lecho de muerte, Juan vio en Naiara la oportunidad de poder revivir una parte de su vida que, a veces por dolor, otras por precaución, mantuvo callada.

Su padre, Bernardo, fue un jornalero, natural de Campanario (Badajoz), al que la contienda civil acabó con su vida. Aquella historia oculta pilló por sorpresa a su nieta Naiara. Apenas tuvo tiempo de reaccionar y de poder realizar todas esas preguntas que nacen después de escuchar un testimonio de vital importancia para su abuelo. Una historia que, en palabras de la nieta, «una generación aprendió a callar y la nuestra a no olvidar». A raíz de la muerte de su abuelo hace 15 años, Naiara se puso a investigar acerca de la historia de su familia. Gracias a la ayuda de Aranzadi y Gogora la familia Rodríguez ha podido revivir la vida de su bisabuelo, que murió condenado en Orduña sin que su familia supiera nada más.

Consejo de Guerra

A través de la documentación obtenida en el Archivo Histórico Provincial de Bizkaia, Naiara y su madre, Ana María, han podido conocer que Bernardo fue juzgado en un Consejo de Guerra en la plaza de Mérida, el 1 de febrero de 1939, por delito de rebelión militar. El Consejo lo condenó a 30 años de prisión. Posteriormente, esa pena sería conmutada a 20 años. Bernardo pasó los siguientes nueve meses de su vida en el campo de concentración de Castuera (Badajoz) antes de ingresar el 6 de diciembre en la cárcel de Orduña. Fallecería tres años después a consecuencia de une endocarditis, el 20 de marzo de 1941.

La familia ahora conoce, gracias al certificado de defunción que han obtenido mediante la colaboración de estas dos asociaciones que trabajan por la memoria, que los restos de Bernardo fueron enterrados en el cementerio del enclave vizcaíno de Orduña.

Las conmutaciones de condena permitieron a muchos presos poder reunirse con su familia. Sin embargo, en el caso de Rodríguez, nunca jamás volvería a ver a su mujer y a sus cinco hijos. Otros corrieron mejor suerte.

Una gran parte de los reclusos que llegaron a Orduña llegaban de otras partes del Estado. José Gómez Aguilar fue compañero de prisión de Bernardo. Solo les separó un mes de vida. Gómez murió debido a un síncope el 23 de febrero de 1941, 28 días antes que Bernardo. Las similitudes son varias: los dos eran jornaleros y terminaron en Orduña cumpliendo condena. Incluso es probable que pudieran conocerse en la prisión y llegaran a entablar amistad. Nunca se sabrá.

El Gobierno Vasco inauguró el jueves el columbario de Orduña en memoria de personas como Bernardo y José. Un total de 15 restos de presos serán trasladados al lugar desde el cementerio de Orduña. Entre ellos se encuentra el bisabuelo de Naiara. Toda la familia acudió al acto de inauguración presidido por la consejera de Justicia, Igualdad y Política Social, Beatriz Artolazabal. Un tributo que viven con «satisfacción» y que saben que Juan, su abuelo, «hubiera querido estar» recordando a su padre. Un momento de especial significado para la familia Rodríguez, afincada en Legorreta.

Uno de 255

Bernardo es solo uno en una lista de más de 255 reclusos que perdieron la vida en la prisión de Orduña entre 1937 y 1941. El testimonio oral de los vecinos y la documentación existente han permitido conocer que los prisioneros que fueron enterrados individualmente en el cementerio del municipio. Aunque muchos de ellos han podido ser exhumados, ninguno ha logrados ser identificado debido a que las muestras de la base de datos no arrojan coincidencias. En otros casos, el trazado de ADN resulta incompatible debido a que todos los descendientes vivos son femeninos, como es el caso de la familia de Naiara. La exhumación del pasillo central del camposanto permitió recuperar recientemente los restos de los presos que perdieron la vida en la prisión de Orduña.