Hogar de la Providencia en Campanario. / HOY

«Sin las Hermanas todos nos sentiremos un poco huérfanos»

Se dedicaban al cuidado y atención de enfermos, ayuda a las familias necesitadas, catequesis y organización de diferentes actividades

TINA SÁNCHEZ GARCÍA Maestra jubilada

Comenzaré diciendo que el pueblo de Campanario le debe agradecimiento eterno a las hermanas Cabezas de Herrera, porque tuvieron la feliz idea de traer a las Hermanas de la Providencia a nuestro pueblo. Era octubre de 1957. Con su llegada recibimos un aire nuevo. Venían del norte, de ldiazabal (Guipúzcoa) , aunque procedían de Gap (Francia). Les dejaron la casa de la calle Moral para que allí establecieran su convento. El fundador del mismo, el Beato Juan Martín Moye, nació el 27 de enero de 1730 en Cutting (Francia), fue el sexto hijo de una familia de 13 hermanos. Sus padres le iniciaron en el conocimiento y experiencia de Dios, el amor a los pobres y la devoción a la Pasión de Cristo. Su vida se fue abriendo al riesgo del abandono en manos de Dios Providencia. Fue ordenado sacerdote el 9 de marzo de 1754 y concibió el proyecto de enviar muchachas para instruir y educar integralmente a niños y jóvenes abandonados. La congregación se asienta sobre cuatro pilares fundamentales: abandono a Dios, pobreza, sencillez y caridad. El 14 de enero de 1762 nació la congregación.

Quisiera, a modo de resumen, recordar parte de lo que han hecho estas Hermanas, ya que todo sería imposible, y lo que han significado para todos nosotros.

Las primeras Hermanas que vinieron fueron Sor Mercedes y Sor María Cruz. A continuación, Sor Elena, Sor Gabriela, Sor Leticia, Sor Obdulia y Sor Ana. Me gustaría nombrarlas a todas, pero por si me olvido de algunas, cito solo a las primeras.

Muy pronto comenzaron a trabajar. Según el espíritu que les infundía e inspiraba su fundador, el Beato Juan Martín Moye, se dedicaron al cuidado y atención de enfermos, ayuda a las familias necesitadas, catequesis y organización de diferentes actividades. Atraidas por su carisma comenzaron a asistir muchas jóvenes de distintas edades. Daban clases de cultura general, taquigrafía, mecanografía, cocina, bordados...

Sor Elena enseñó corte y confección, y yo creo que todas las mujeres que se han dedicado profesionalmente a la costura sacaron el título gracias a ella.

Tengo recuerdos al respecto. Al final del curso se hacía una exposición con las labores realizadas poniendo un cartelito en cada prenda. Los nombres eran «Carmen del Caserón», «Isabel la Cortijera», y así sucesivamente. Hicieron mucho por la promoción de la mujer creando una cooperativa de confección de prendas.

Cuando llego Sor Victoria, maestra, la que más largo tiempo ha estado entre nosotros y durante muchos años hasta que se jubiló impartieron Educación lnfantil y E.G.B hasta 4° de Primaria.

Capilla del Hogar de la Providencia en Campanario. / HOY

Espiritual

Aparte de todo esto, y principalmente, estaba la formación religiosa y espiritual. En varias jóvenes prendió la llamada de Dios y hoy son monjas de la Providencia. Ejercicios espirituales, retiros, grupos de oración, celebraciones litúrgicas, eran algunas de sus acciones. Sor Milagros, con un grupo de mujeres, organizó un taller de Cáritas y siempre una de las hermanas ha estado presente en ese taller.

Y como no, también hay que recorder las actividades lúdicas y de diversion ya que tenían su protagonismo. Se hacían teatros, paseos, excursiones en burro, partidos de balón tiro en las «Erillas», celebraciones de Santa Cecilia y Santa Lucía (patrona de las modistillas) y excursiones de largo recorrido. Recuerdo las de Lourdes, Covadonga, Ceuta, Valencia, Zaragoza, Córdoba o Sevilla.

Creo que varias generaciones recordaremos siempre aquellos ejercicios espirituales, la inauguración de la Capilla y los felices momentos vividos en cada excursión. La marcha de las Hermanas dejará un gran vacío en el pueblo difícil de rellenar.

Ellas, Antonia y Blanca, la Madre General, previendo lo que iba a suceder han organizado los llamados Grupos de Laicos-Providencia. Y todo para que la semilla que ellas han sembrado en nosotros germine y el espíritu providente permanezca en Campanario y dé el fruto deseado.

Sin las Hermanas nos sentiremos un poco huérfanas y esa es la sensación que tenemos al despedirlas. Desde aquí les deseo lo mejor en sus nuevos destinos y les doy las gracias por todo lo que han sembrado y han hecho por Campanario.