S.O.S. para la golondrina común

Dos golondrinas, capatadas en Campanario. /JUAN ANTONIO MORILLO VELARDE
Dos golondrinas, capatadas en Campanario. / JUAN ANTONIO MORILLO VELARDE

«Muchos comentarios hemos escuchado en Campanario y a vecinos de otras poblaciones de La Serena acerca de la escasez de las golondrinas que nos han visitado en el último lustro»

FERNANDO GALLEGO GALLARDO Maestro jubilado

Muchos comentarios hemos escuchado en Campanario y a vecinos de otras poblaciones de La Serena, acerca de la escasez de las golondrinas que nos visitaron en las primaveras y veranos del último lustro.

Esta ausencia llama la atención no solamente entre los aficionados en observar y estudiar a las aves, sino también a personas acostumbradas a recibir con alegría año tras año el retorno de estas dulces, populares y beneficiosas avecillas.

En España desde hace una década se han perdido unos diez millones de ejemplares. No podemos permitir que éstas y otras aves insectívoras abandonen los pueblos, las necesitamos por la limpieza de insectos dañinos y por llenar nuestras calles de alegría sonora.

La golondrina común ('hirundo rustica') es el pájaro más apreciado en el medio rural, no siendo necesaria su descripción por ser sobradamente conocida, tanto por su plumaje como por la gracilidad de su vuelo, con ascensos, descensos y cambios o giros en su trayectoria.

Echamos de menos el gorgoteo o amistoso parloteo que producen desde el posadero en los cables del tendido eléctrico, antenas de televisión, ramas secas, clavos de establos o cuadras, alambres de secaderos de terrazas, patios o corrales y, como no, la habilidad de capturar los insectos al vuelo e incluso sobrevolando las calles y la superficie del agua de estanques y charcos.

El canto sostenible y agradable de las golondrinas, junto a otros trinos frecuentes, llenaban de música las aldeas y los pueblos rurales de nuestra comarca, ahogados en la actualidad por la explosión automovilística y otros tipos de instrumentos y máquinas.

La dieta alimentaria de las golondrinas, tanto de la común como de la dáurica, está principalmente constituida por insectos voladores: moscas, mosquitos y polillas, mariposas, gorgojos, tábanos, libélulas y avispas que capturan con gran habilidad en vuelo.

Ante la escasez de la dieta aérea, varias veces he observado que nuestras amigas aladas recurren a los hormigueros y a otros insectos en tierra. Son verdaderos insecticidas naturales que debemos proteger.

Los nidos de las golondrinas están construidos con barro y hierba seca pegados en alguna viga, pared o sobre un clavo, estaquilla e, incluso, como observé en una vivienda en la Avenida de la Constitución de nuestro pueblo, sobre una bombilla del patio.

De existir el nido del año anterior lo ocupan de inmediato recomponiendo las partes dañadas o, en caso contrario, construyen un nuevo hogar muy pegado al techo en un continuado devenir aportando y pegando porciones del material empleado para tal menester.

La puesta suele ser de cinco huevos, incubados durante 14-15 días por la hembra. Tanto el macho como la hembra alimentarán a sus polluelos en un período de 20–24 días, tras los cuales abandonarán el nido y volverán a él o en lugar cercano para dormir.

Las golondrinas son aves eminentemente gregarias y potentes voladoras, pasando la mayor parte del día en el aire.

En sus recorridos migratorios se reúnen buen número de ellas para emprender en otoño, por el mes de septiembre, el viaje de retorno a África cruzando desiertos y mares, recorriendo en estos viajes entre 10.000 y 12.000 kilómetros una y otra vez con la misma precisión.

Vuelan siempre de día y pueden desarrollar velocidades de hasta 120 kilómetros por hora. No es la distancia lo que define el viaje, sino el instinto de poder alimentarse, reproducirse y sobrevivir.

Son varias las causas que explican la escasez en las poblaciones de golondrinas en los pueblos. Por un lado, están los fuertes vientos en el Sáhara Occidental, la llegada prematura de fríos en Europa, el tratamiento de insecticidas con avionetas, la disminución de cuadras, portales y establos o la destrucción de sus nidos por personas inconscientes

En Campanario, y en las edificaciones de su término, siempre fue considerable la población de golondrinas por su clima, suficientes recursos alimentarios, lugares idóneos para la nidificación y, sobre todo, el respeto y protección de los vecinos hacia este pájaro. El mejor y más natural aliado del hombre en la lucha contra las plagas de insectos dañinos.

Existen lugares donde se realizan distintos festejos para recibirlas y en uno de ellos se encuentra el Monumento a las Golondrinas.

Esperemos que, año tras año, cuando la primavera se vista de colores, las admiradas, mimadas y compañeras golondrinas, los vencejos y los aviones, continúen anunciándonos su llegada.

Un pueblo inteligente protege la riqueza de su fauna.

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.

G. A. B.