«Deberíamos potenciar más nuestros bailes, como son las jotas extremeñas»

Juan Carmona, con sus sobrinos, tras bailar en la feria de abril de Campanario. /J. C.
Juan Carmona, con sus sobrinos, tras bailar en la feria de abril de Campanario. / J. C.

Juan Carmona Gil ha sido uno de los artífices de la resurrección del folclore extremeño en Campanario

Fran Horrillo
FRAN HORRILLO

Juan Carmona Gil ha sido, sin duda, uno de los artífices principales de la resurrección del folclore extremeño en Campanario en los últimos años. Este diseñador gráfico que actualmente vive en Castuera, hijo de Juan 'el de la Cana' y de Inés 'de Alberto', lleva casi toda la vida practicando danzas folclóricas y esa pasión la ha puesto a disposición de la Asociación Folclórica Los Barrancos para poner en valor nuestras tradiciones.

--¿Cuándo y quién le animó a acercarse a los bailes regionales extremeños?

--Todo empezó cuando mi hermana Dori bailaba en el grupo de Antonia Ayuso. Me entraron las ganas de bailar, aunque en este grupo estuve poco tiempo. Luego me incorporé al Grupo Jaramago y en él estuve bailando hasta el final del grupo.

--¿Son difíciles de aprender nuestros bailes regionales? ¿se tarda tiempo en saber bailar bien?

--Piensa que a diferencia de las sevillanas, que son siempre iguales, cada jota es una coreografía y pasos diferentes, con lo que es un poco más difícil de aprender. Pero con constancia y gustándote lo que haces todo se consigue. Luego, cada uno, le da un aire suyo propio al baile.

--¿Qué es lo que le llevó a potenciar de nuevo el folclore extremeño y las danzas folclóricas en Campanario?

--Cuando vivía en Campanario, daba clases de bailes regionales en la Universidad Popular con una gran aceptación de alumnos y alumnas. Al irme a vivir por trabajo a Castuera y como el folclore lo llevo en las venas, me dediqué a dar clases en los pueblos de la comarca de La Serena los fines de semana, como Cabeza del Buey, Malpartida de la Serena, Esparragosa de la Serena y el Valle de la Serena. Y un buen día las componentes de la Asociación Los Barrancos me llamaron para enseñarles alguna jota. En principio sería solo eso, pero luego empecé a darles clases y hasta ahora. Para mí es un honor volver a mi pueblo a dar lo que sé, y desde luego estoy encantado con el grupo. Creo que Campanario es un pueblo en el que el folclore siempre ha gustado mucho y se merecía que hubiese un grupo de bailes regionales.

--Cree entonces que con la Asociación Los Barrancos, que se constituyó relativamente hace poco, ¿el folclore extremeño ha vuelto a resucitar en la localidad?

--Yo creo que sí. Este grupo, aunque solo sea de mujeres, representa a la perfección el folclore extremeño, bailando tanto en la Feria de Abril como en la de agosto. En el escaso tiempo de vida que lleva la asociación, ha participado en diferentes festivales de la comarca de La Serena, llevando a gala el pueblo de Campanario.

--En cuanto a niños y niñas ¿asisten muchos a las clases de jotas que se empezaron a impartir el año pasado?

--Este grupo de niños y niñas es mi debilidad. Hemos formado un grupo que es una maravilla. Unos niños a los que les encanta el baile y están deseando que llegue el domingo por la tarde para ir a los ensayos. Llevan poco bailando, pero ya han estado en varios pueblos, como en un festival infantil en Cabeza del Buey, en Magacela, La Guarda o Quintana de la Serena. Ahora en noviembre estamos preparando el primer Festival Folclórico Infantil aquí en Campanario, donde además del grupo infantil nuestro vendrán otros dos de fuera.

--¿Es difícil atraer a las nuevas generaciones?

--Siempre es difícil, pero ahora estoy convencido que con la cantera que tenemos el folclore está asegurado.

--El encontrar niños para los bailes, siempre ha sido el gran caballo de batalla ¿no es así?

--Ya, pero en nuestro grupo infantil no existe ese problema, pues contamos con el mismo número de niños que de niñas. Si es cierto que en el de adultos solo están mujeres. Espero que alguno se anime y quiera pertenecer al grupo, que una vez que empiecen y vean la buena armonía que hay y lo bien que lo pasamos, estoy seguro que se apuntarán más. O eso deseo al menos.

--¿Qué le pasa por la cabeza cada vez que llega la Feria de Abril y ve que a sus paisanos les tira tanto el flamenco y las sevillanas?

--Pues la verdad es que está bien que les guste, pero creo que deberíamos potenciar más los bailes nuestros como son las jotas extremeñas. Y me gustaría que el 'día de las jotas' que se dedica en la feria se viese a más gente vestida con el traje regional.

--¿Qué cree que ha podido incidir para que nuestras tradiciones se vayan arrinconando cada vez más?

--Creo que la gente veía el folclore extremeño como una cosa antigua o que no se lleva, pero todo lo contrario. Una vez que estás metido en este mundo te das cuenta de lo rico que es y que nunca pasa de moda.

--Con usted al frente, el grupo puso en escena una boda típica extremeña ¿qué tal acogida tuvo?

--La acogida fue estupenda. La representamos en el cine de Campanario y hubo mucha gente que se quedó sin poder verla al no haber entradas. Por eso decidimos representarla otra vez en la feria de agosto, para que todo el pueblo pudiese ver la representación. El trabajo para prepararla fue inmenso pero mereció la pena.

--Y este verano, el homenaje fue a los segadores y labriegos…

--Quería hacer un homenaje a la gente que trabaja en el campo y que las nuevas generaciones viesen como eran los utensilios que se utilizaban para trabajar en él y que los más mayores pudiesen recordar viejos tiempos. El grupo además estrenó traje de labranza. En este sentido, me gustaría dar las gracias a todo el pueblo de Campanario por la gran acogida que siempre nos dan cuando actuamos, aunque les pido que apoyen siempre el folclore extremeño.

--¿Cuál será el siguiente montaje que quiere poner en escena?

--La verdad es que tengo ya algo en mente pero no puedo adelantar nada todavía.

--Por cierto, en cuanto a la indumentaria folclórica de Campanario ¿es vistosa? ¿tratan de ponerla en valor?

--Siempre. Los trajes de Campanario son muy bonitos y vistosos. Nosotros lo que hacemos es que vamos cambiando para lucir todos. Una vez se ponen los mantones de manila, los jubones, y las faldas bordadas, otras veces las faldas de rayas, los chalecos y las camisas y ahora añadimos también el traje de labranza.

 

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