Varios emigrantes y vecinos de Campanario portal a la Virgen de Piedraescrita. / WEB NTRA. SRA. PIEDRAESCRITA

Los emigrantes no faltaron a su cita con la patrona celebrando una misa en su honor

Cada mes de agosto tiene lugar un encuentro entre los vecinos retornados para dar gracias a la Virgen de Piedraescrita

Soledad Gómez
SOLEDAD GÓMEZ

En agosto de 2019 se celebró la última Misa del Emigrante en las inmediaciones de la ermita de la Virgen de Piedraescrita. Y no ha sido hasta este año cuando ha podido recuperarse, congregando a quienes tanto han echado de menos a su patrona durante la pandemia. El 12 de agosto, la Barranquera era nuevamente sacada a hombros para participar de la misa en la que los emigrantes dieron gracias a su Virgen y aprovecharon para pedir protección hasta que regresen de nuevo.

En 2020 la celebración tuvo lugar en la parroquia de la Asunción, mientras que el pasado año, quedó suspendida unos días antes de llevarse a cabo, a consecuencia del covid.

En esta ocasión, fue una ceremonia presidida por Fray Sebastián Ruiz, concelebrada por varios párrocos, entre ellos Luis Ramírez, y con el acompañamiento del Coro La Ermita.

En este punto, merece la pena reproducir las palabras del campanariense Anastasio Pajuelo, quien escribe que agosto empieza a declinar y el retorno de nuestros emigrantes con ello.

El pueblo va volviendo lentamente a su rutina mientras familiares y amigos dan sus últimos paseos por las calles, ante la imperiosa llamada de sus lugares de residencia. Como cada año, agradeciéndoles su visita al pueblo, quiere dedicarles este poema, que para él es la pura expresión de un sentimiento de agradecimiento y esperanza:

«Lentamente, igual que regresaron, alentando esperanzas venideras, se van las golondrinas tan ligeras que apenas de su vuelo despertaron. Llevan coplas de estrellas que cantaron y mochilas de llantos sin fronteras. Otro año quizá, largas esperas… Y los nidos sin alma se quedaron. Y tal vez en abril, con su semblante, quizá las más cercanas, en su vuelo con alas de esperanza y buen talante, dibujen sus siluetas en el cielo. Hasta entonces aquí, con pena errante, vuestro nido estará entre luz y duelo».