Dedican una escultura para mantener vivo el recuerdo de las esparteras

Monumento dedicado a las esparteras en el barrio Hospital. /FRAN H.
Monumento dedicado a las esparteras en el barrio Hospital. / FRAN H.

Se ha instalado en el barrio Hospital y el bajorrelieve ha sido realizado por el escultor villanovense Ricardo García Lozano

Fran Horrillo
FRAN HORRILLO

Desde mediados del pasado mes de abril luce el barrio Hospital de Campanario una nueva escultura, en la que la protagonista es la mujer y, en concreto, una profesión como la de las esparteras, que llevó el nombre de Campanario por muchos rincones de Extremadura.

La misma es obra de Ricardo García Lozano, el artista villanovense que realizó el año pasado la escultura de la Virgen de Piedraescrita que luce en la rotonda de la carretera a Orellana. García Lozano explica cómo surgió el encargo: «Una vez instalada la escultura de la Virgen de Piedraescrita, que según me han comentado, gustó mucho a la mayoría de los campanarienses, el Alcalde consideró la posibilidad de hacer una nueva escultura que fuese un homenaje a la mujer en general y a la mujer trabajadora de Campanario en particular y acertadamente quiso que la escultura representase a mujeres trabajando en uno de los oficios de mayor impacto cultural y económico del Campanario de antes».

Como aclara, «la escultura está basada en una preciosa fotografía que está en el despacho del alcalde, y es una reproducción fiel de la misma». En este caso, añade que «el problema que presentaba la ejecución de la escultura era dar profundidad al bajorrelieve; y para solucionarlo utilicé el marco arquitectónico que encuadra a las trabajadas, de modo que los arcos y los postes laterales crean un espacio que se proyecta hacia el interior, donde las figuras de la mujeres de distinto tamaño dan la sensación de profundidad deseada». El contrapunto a esta sensación de profundidad «la pone la figura de la niña sentada, que parece salir del relieve». El caso es que García Lozano está satisfecho con el trabajo «pues creo que he conseguido esa sensación de tridimensionalidad a la que aspiraba».

La escultura está realizada en bronce con pátina de sulfuro de potasio, que es la pátina que el escultor suele dar a mis esculturas públicas; va colocada sobre una piedra de granito de dimensiones 290 centímetros de ancho por 180 centímetros de alto.

La ejecución le llevó seis meses, contando el tiempo invertido en la fundición, que fue un mes aproximadamente. En cuanto al estilo, está en la línea de la escultura que busca sobre todo el impacto visual más que el refinamiento en la ejecución, «que a mi entender, en este tipo de esculturas, lo que hace es desvirtuar la primera impresión por la observación minuciosa de los detalles». Está, por ejemplo, en la línea de la escultura de 'Los tratantes' que puede verse en la plaza de España «aunque con un tratamiento más delicado dado que los personajes son mujeres».

El artista recuerda que durante la instalación de la escultura se acercaron numerosas personas y «me manifestaron su aprobación y casi todas tenían o habían sido ellas mismas trabajadoras del esparto».

Con este bajorrelieve de las esparteras, son ya cinco las esculturas de Ricardo García las que lucen en Campanario, junto con la referida de la Virgen de Piedraescrita, el bajo relieve de los tratantes de mulas que está en la plaza de España, el busto de la poetisa Vicenta García Miranda en la Plazuela y el busto de Bartolomé José Gallardo en el parque. Además, este artista también realiza los pequeños bustos que se entregan a los ganadores de los premios de investigación Bartolomé José Gallardo y de relatos cortos Reyes Huertas, que convoca el Ayuntamiento campanariense.

«El hecho de que el pueblo de Campanario me honre con encargos será, imagino yo, porque las cosas que hago gustan a la población, de lo que estoy profundamente agradecido».

Como recordaba en agosto del 2014 en un artículo publicado en HOY CAMPANARIO el cronista oficial, Bartolomé Díaz, la elaboración del esparto para transformarlo en utensilio de uso en la vida cotidiana, fue durante el siglo XX, una fuente de ingresos muy importante y transcendental para la economía de Campanario, ya que una gran parte de su población, o bien vivía exclusivamente de su transformación o ingresaban un dinero extra en sus maltrechas economías.

Díaz señala que en Extremadura destacaba Campanario por el número esparterías, «pues rayaba en las treinta y, generalmente, estaban regentadas por la esposa del carguero». En estos talleres, añade «se confeccionaban toda clase de utensilios de esparto partiendo de la pleita, que era trenzada por mujeres en once ramales de varias hebras cada uno». Además de pleita, esporádicamente y por encargo, se tejían capachos para las almazaras que provocaba cierta pugna entre las empleiteras y capacheras, ya que éstas utilizaban el esparto mejor, el de hebras más largas que hacía más rentable el trabajo. Otro de los utensilios de esparto que requerían cierta destreza eran los cinchos para el desuerado del queso.

En la treintena de esparterías que convivieron en Campanario en esta época, se podía calcular unas treinta empleiteras por taller, más los hombres que cosían la pleita, los que tejían el esparto para hacer toda clase de tomizas, los que trenzaban el esparto machao para, una vez cosidas las trenzas, confeccionar las sobrenjalmas, el consecuente transporte que generaba esta mercancía...