Hoy se cumplen 79 años desde que la imagen actual de la Virgen de Piedraescrita llegó a Campanario

Actual imagen de la Virgen de Piedraescrita, en su ermita. /F. H.
Actual imagen de la Virgen de Piedraescrita, en su ermita. / F. H.

Al ser destruida en 1936 la antigua imagen, se adquirió por suscripción popular una nueva al estilo de la primitiva, obra del sevillano José Rivera

Fran Horrillo
FRAN HORRILLO

Hoy 22 de marzo, hace 79 años que llegó a Campanario la actual imagen de la Virgen de Piedraescrita.

En concreto, como se recoge en la web de la Hermandad de Piedraescrita, «al ser destruida en 1936 la antigua imagen, se adquirió por suscripción popular una nueva al estilo de la primitiva». Imagen que llegó a Campanario el 22 de marzo de 1940. Está tallada en madera de cedro y es obra del escultor sevillano José Rivera.

Cabe destacar que la Junta Rectora de la Hermandad de Nuestra Señora de Piedraescrita, presidida por Ana María Calderón, acometió en el año 2017 la restauración de la talla de la Patrona campanariense y de La Serena. Unos trabajos que llevó a cabo Juanjo Minaya, artista y escultor natural del Valle de La Serena.

Según publica la web de la hermandad, en base a la información recogida del libro 'Piedraescrita y Campanario' de José Gallardo Calderón, «un pastor, que guardaba ganado en la dehesa de Los Barrancos descubre sobre la misma piedra en que se apareció una imagen o talla de la Virgen María y se la lleva a su casa, comunicándolo a vecinos y autoridades, pero la Imagen desaparece de allí y cuando van todos al sitio donde se apareció la encuentran de nuevo, entendiendo que es voluntad de la Virgen que se le haga una ermita en aquel lugar, donde habría de re¬cibir culto».

La imagen era de «estilo románico, arte que se desarrolla en España entre los siglos X y XIII, difundida por los Cluniacenses, que la recibieron del Cister donde se inició». La imagen podía ser por lo tanto «de finales del s. X o comienzos del s. XI, aunque de todas formas la antigüedad de la talla es innegable».

Como se recoge en la web, «aquí se juntan historia y leyenda». Y es que «el aparecer la imagen sobre la piedra no carece de simbolismo, quiere decir que el cristianismo viene a iluminar al mundo pagano -¬la escritura es romano-pagana- y mostrarle a Jesucristo como su Dios Salvador». Y se añade: «La imaginería románica mariana era muy expresiva: el Niño iba sentado sobre las rodillas de su Madre, que formaba como un tro¬no, mirando de frente y con el mundo en su mano izquierda, al tiempo que con la derecha bendice. En realidad estas imágenes hablaban en silencio, por sí solas».

Sobre la imagen que le llegó a sus manos en 2017 para su restauración, esto es lo que señalaba Juan Minaya en una entrevista a HOY CAMPANARIO: La escultura actual es una réplica de la original, destruida en la Guerra Civil. La primitiva era una talla en made¬ra, del s. XIII, de transición del románico al gótico. La Virgen está representada sentada, en una pose rígida, con el Niño en el regazo. Tiene en la mano derecha la man¬zana símbolo del pecado de Eva. El Niño está sentado en actitud mayestática. Su leyenda nos habla de la aparición de la Virgen sobre una lápida escrita, en concreto la que aún se conserva en la fachada de medio día de la ermita. Los rostros de la escultura del siglo XIII eran negros, como los de la Virgen de Guadalupe, así lo cuenta el Padre San José. En 1582 se pintaron las carnaciones rosadas, cuando se doró y estofó toda la imagen, adaptándola a una peana de alabastro. En 1753 fue adaptada para entronizarla en el camarín, cambiándole la peana por el pedestal de nubes y ángeles; por estas fechas se le amputó también la corona almenada de talla, para colocarle la de plata y recargarla de ropas. De nuevo en 1893 sufrió importantes cambios, habiendo sufrido grietas y desconchados. Desdichadamente optaron por cambiar los rostros por otros nuevos, más dulces y por supuesto carentes del valor original, en esta intervención también se estofó la escultura. Por desgracia, esta imagen fue destruida a comienzos de la Guerra Civil, y nada más terminar, en 1940 se hizo una réplica exacta encargada al artista sevillano Rivera, apoyada en fotografías y descripciones, y puede considerarse muy acertada; incluso el rostro va más con las formas arcaicas de la escultura y seguro se aproxima más al original. Esta es la Imagen que ha llegado a nuestros días, de gran valor a pesar de ser una réplica, siendo la única en su estilo en toda la comarca. La Virgen viste túnica y manto tallados en la escultura, con pliegues de simétrica regularidad, encontrándose todas las vestiduras doradas y estofadas. Es una obra de gran belleza, que desgraciadamente pocas veces puede contemplarse sin las añadidas vestiduras de tela. Hay que pensar que si la Virgen ahora lleva 264 años con vestiduras de tela, anteriormente estuvo en torno a 500 años sin estas vestiduras, disfrutando de la talla en toda su pureza, tal y como fue concebida. Por eso pienso que si en alguna ocasión puntual los campanarienses tienen la posibilidad de verla sin los añadidos de tela, deben sentirse orgullosos del estilo y origen de la Imagen, y nunca pensar como a veces ocurre, que la Virgen está desnuda«.