Una abuela y sus nietos muestran sus 'perigallos'. / SOL GÓMEZ

Continúa la tradición de trenzar el 'perigallo' tras el Corpus Christi

Con las juncias empleadas para confeccionar alfombras vegetales junto a los altares se hacen una especie de látigos.

Soledad Gómez
SOLEDAD GÓMEZ

Pocos campanarienses hay que no recuerden de su infancia el Corpus Christi y cómo terminaban la procesión confeccionando con sus padres o abuelos los populares 'perigallos'. Se trata de una especie de látigo en forma de porra que se hace con juncias. Las mismas que adornan el suelo de las calles en las que hay montado algún altar para que pase la Custodia con el Santísimo Sacramento.

Una costumbre que ha ido pasando de padres a hijos y que, todavía hoy, pervive entre los vecinos. Así, el pasado domingo, no fueron pocos los niños que se vieron haciendo sonar su 'perigallo' al azotarlo contra el suelo o alguna superficie.

Los vecinos recogieron juncos para trenzas los 'perigallos'. / SOL GÓMEZ

Y es que hace décadas, las vecinas engalanaban sus fachadas con mantones, bordados de artesanía, macetas, altares y pérgolas de flores, así como el suelo se adornaba con romeros, flores y juncos, similar a como se sigue haciendo.

De una generación a otra se transmitía esta forma de trenzar los juncos hasta conseguir un bastoncillo llamado 'perigallo', al que algunos ataban en la punta un trozo de cuerda de pita para que fuera más sonoro. Y así, durante la siesta, ya que la procesión era por la mañana, los menores ilusionados con su látigo recorrían las calles con ese sonido inconfundible.

Un padre trenza el 'perigallo' para sus hijas. / S. GÓMEZ

Pero, además, otros no perdieron oportunidad de hacer haces con los juncos antes de que fueran recogidos para emplearlos en hacer chozos en miniatura de adorno o forrar pequeñas banquetas, tan utilizadas en otros tiempos.