José 'Berenjeno' hizo un guiño al pueblo con un fandango. / HOY

Cantes con entrega total y guitarristas de lujo en la Noche Flamenca de Campanario

José 'El Berenjeno' y Manuel Cuevas supieron poner a la gala un sentimiento y una pureza que dejaron huella.

PEDRO MIGUEL PONCE

Cualquier evento flamenco que se organice en nuestro pueblo tiene una dificultad añadida, como es la selección de artistas que participen. Suele disfrutar Campanario de tres festivales anuales, que incluso a veces han sido cuatro, y desde el año que se fundó la Peña Flamenca como tal (1993), los mejores representantes del cante, toque y baile han pasado por nuestra localidad, algunos repitiendo varias veces. Se hace complicado, por tanto, elegir nombres que no se hayan visto por estos lares.

Para la ocasión, se pensó en artistas que agradaran los variopintos gustos que tienen los aficionados. Estuvieron representados en la noche del pasado 12 de agosto, Jerez y Sevilla. El acto estaba organizado por la Peña 'Duende y Pureza-Pepe el Molinero', con la colaboración habitual del Ayuntamiento local.

Abrió la velada el cantaor del barrio de la Plazuela de Jerez, José Montoya Carpio 'Berenjeno'. Lo hizo de una manera muy tradicional, ya que son muchos los cantaores que inician su actuación con tientos-tangos para «ir templando la voz», rematando con los tangos de Jerez «anda ve y dile a mi primo Rafael», acordándose de tío Borrico o «de Barcelona a Valencia» que cantaba la Niña de los Peines. Vino después una tanda de soleares, comenzando con el estilo de Alcalá . Aires de la bahía gaditana llegarían a continuación.

La tragedia, con las Siguiriyas de «las grandes penas» y el famoso «hospitalito de Cái a mano derecha» del Viejo de la Isla. Hago un inciso para asegurar que ya solo por el acompañamiento de Higuero y las falsetas que realizó y cómo las ejecutó, mereció la pena pagar la entrada.

No puede irse un cantaor de Jerez sin cantar por bulerías. Aparte del cante, Antonio estaba a gusto y demostró no ser ajeno al baile de esa bendita tierra. El guiño a nuestro pueblo vino con un fandango muy aplaudido, con reconocimiento al cantaor que da nombre a la Peña: Moliendo trigo cantaba/ alegremente su taranta/tenía voz de jilguero/nació y murió en Campanario/ le llamaban Pepe el Molinero.

Capítulo aparte para Antonio Higuero, lleno de jerezanía y flamencura en su toque. No suele molestar al cantaor, ejerciendo siempre de noble banderillero, pero su guitarra llenó de arte la noche, con una serie de falsetas que encandilaron al público asistente, que irrumpió en aplausos en algunas de ellas. Nos demostró Higuero que, si importante es el compás, no menos importantes son los silencios, con unos picados en los que esas décimas de segundo que dejaba entre nota y nota, supieran a gloria bendita.

Extraordinario el soniquete con David del Gasolina y Tomás del Pipa, ambos con apellidos ilustres en tierras de Jerez. Al final de la actuación, Tomás se marcó un baile con una «pataíta» llena de enjundia que nos supo a poco.

Es José poseedor de una voz redonda, potente y flamenca. Evidentemente, le queda camino por recorrer en esta carrera de fondo que es la profesión de cantaor, pero madera tiene para ello, y ganas, muchas. En Campanario se exprimió al máximo y lo dio todo.

Manuel Cuevas regaló unas letras alusivas a Campanario. / hoy

De Jerez a Osuna

Abrió la segunda parte, el cantaor de Osuna, Manuel Cuevas. Antes de cantar, como no podía ser de otra forma, recordó el grato recuerdo que tenía de nuestro pueblo. No en vano, cuando se celebró en Campanario (el primer pueblo extremeño que lo hizo) la fase de clasificación para el Cante de La Unión, él estuvo presente, alzándose a la sazón en ese año con la Lámpara Minera. Se cumplían los veinte años.

Abrió con unas malagueñas, rematadas por 'abandolao' donde demostró su capacidad de alargar los tercios y respirar en el momento justo. Siempre es gratificante escuchar cantes que suelen hacerse poco como la farruca. Continuó por tarantas. Vinieron después unas alegrías. Se acordó de Rafael Farina con su «Vino amargo» al que quiso unir la famosa «Señorita» de Enrique Montoya. Por peteneras «Sentenciao estoy a muerte» recordando al gran Jose Menese. Y puestos a evocar, Manolo Caracol se hizo presente con «la Salvaora». Para acabar su actuación, fandangos de Huelva «Vente al Alosno niño» estilos de Toscano o Rengel, el fandango de Cabezas Rubias, y por supuesto al gran Paco Toronjo «ni aunque lo veas dando tumbos…». Terminó con el estilo del Gloria y unas letras alusivas a Campanario, que el público agradeció enormemente.

En el acompañamiento estuvo el único artista a quien se le ha otorgado la insignia de nuestra Peña, Antonio Carrión. Es, el de San José de la Rinconada, uno más en la familia campanariense. Vino en el año 1995 acompañando a Chano Lobato y José Mercé, anunciándose como Niño Carrión, y el viernes, pasados unos años, ejerció de padre, pues en las palmas estaban sus hijas, Concha y María.

Permítaseme decir que, recordando con Antonio aquella gran velada flamenca con Chano y Mercé, me comentaba que nada más terminar de tocar, cogió el coche y de un tirón se plantó en Barcelona. Pecados de juventud y kilómetros de arte, que también tuvo acompañando a Manuel Cuevas. Su guitarra suena siempre con una sonoridad extraordinaria, con un toque limpio y marcando siempre el compás. No pierde fuerza y combina perfectamente la claridad de sus notas con la sapiencia que dan los años para saber cómo debe acompañar a cada cantaor. Siempre lo ha hecho y por eso los cantaores se lo rifan.

Una noche, con un público de diez, en la que quienes se subieron al escenario dieron todo lo que tenían. Salud para ello y libertad.