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Tamames, en el escaño de Santiago Abascal. HOY
«...Ni al que asó la manteca»
OPINIÓN

«...Ni al que asó la manteca»

OPINIÓN ·

ANTONIO MIRANDA

Martes, 21 de marzo 2023, 11:51

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Todos los medios de comunicación están dedicando estos días espacios para artículos de opinión, noticias, tertulias, comentarios de todo tipo, etc., referidos a la inédita moción de censura que el partido VOX ha presentado en el Registro del Congreso de los Diputados. Y digo inédita porque constituye una novedad el hecho de que el planteamiento y desarrollo de esta moción la llevará a cabo una persona que no pertenece al Partido titular de la misma, contrariamente a lo ocurrido en las cinco ocasiones anteriores. Se trata de D. Ramón Tamames, conocido economista y político, quien ha aceptado complacido la invitación de VOX alegando que es una oportunidad que se le presenta y no puede desaprovecharla.

Lógicamente, la noticia provocó la natural sorpresa, pues difícilmente se entiende que un partido político y esta persona, tan distanciados entre sí por la concepción ideológica que ambos profesan, iban a llegar a ponerse de acuerdo en una cuestión en donde el ideario o la doctrina política se encuentran tan a flor de piel que no tienen más remedio que manifestarse y, a veces, con exagerada frecuencia y vehemencia. Porque es evidente que en este tipo de debates -más adelante insistiremos en ello- al mismo tiempo que se critica o censura a un gobierno y a su presidente por sus acciones «políticas» se le están contraponiendo las propias del que censura.

Pero parece ser que el Sr. Abascal y el Sr. Tamames, junto a sus respectivos equipos, han encontrado la fórmula mágica para que el discurso del segundo se deslice tan suavemente sobre la delicada superficie del credo político del primero que en modo alguno le va a producir el menor rasguño. Sin embargo, tal prodigio no lo tienen tan claro en la afiliación y sobre todo después de haber escuchado las manifestaciones del Sr. Tamames en alguna que otra entrevista concedida a los medios con valetudinario disfrute. Tanto es así que se dice que entre algunos miembros de la cúpula del Partido se han producido tiras y aflojas cuestionando la decisión de haber elegido a D. Ramón para llevar a cabo esta iniciativa, llegando incluso a poner encima de la mesa la posible retirada de la dichosa moción.

Ya sabemos, tras la rueda de prensa celebrada conjuntamente por el anfitrión y el convidado, de la voluntad de ambos para seguir adelante con el procedimiento hasta el final. También conocemos de la conformidad de Abascal con el discurso del proponente que es de dominio público por haberse filtrado y publicado días atrás por un medio de comunicación.

Estamos ante la segunda Moción de Censura que el partido de Santiago Abascal presenta en esta legislatura contra Pedro Sánchez y su Gobierno. En la primera basaron su justificación en la deficiente gestión de la pandemia, en la degradación de las instituciones y en la deriva de la economía principalmente. Con el mismo Abascal como candidato, la Moción no prosperó al obtener solamente los cincuenta y dos votos de su formación política. Argumentan para la presente la necesidad de que los españoles «tomen conciencia de la extrema gravedad de la situación que hoy vive España» y lo concretan, según El Debate, de fecha 17 de los corrientes, en los cinco siguientes motivos: fraude al electorado, estados de alarma inconstitucionales, asalto a los contrapoderes del Estado, crispación social y quiebra de la concordia nacional y, por último, un Gobierno contra los intereses generales de los españoles. Según todos los pronósticos, esta Moción va a correr la misma suerte que la anterior, quedando respaldada únicamente por los votos de la formación derechista. Y ya veremos si, como está la situación, a algún diputado se le atragantan ciertos ingredientes del programa de D. Ramón y surge el conflicto.

Es obligado recordar que la moción de censura viene recogida en el artículo 113 de nuestra Constitución y se formula, según la doctrina del Derecho Constitucional, como Moción de Censura Constructiva. Y esto exige la presentación de un candidato a la presidencia del Gobierno. En este caso el Sr. Tamames. Y como todo candidato está obligado, por una parte, a criticar, reprochar o censurar al Presidente y a su Gobierno, pero por otra, conforme a la ética política, tiene el ineludible deber de exponer y explicar el programa que desarrollaría en el supuesto caso de ganar la moción, para lo que debe pedir y obtener la confianza mayoritaria de la Cámara y responder a lo largo del debate no sólo al Presidente sino a todos y a cada uno de los portavoces de los grupos políticos a los que, por cierto con la filtración, se las han puesto como a Fernando VII.

Y aquí es donde está el «quid» de la cuestión: ¿Será el Sr. Tamames tan disciplinado como para no proferir palabra o idea que incordie en exceso a sus coyunturales compañeros de bancada? ¿Responderá con la debida calma -sin perder los papeles- al interrogatorio que le someterán en torno a la versatilidad de su vida política? ¿Le permitirá su entusiasmo dominarse para que en ningún momento le traicione el subconsciente? ¿Le pasarán factura sus ochenta y nueve años por el concepto de «la connatural merma de las facultades físicas y mentales?»

Finalmente, ¿Se verá compensado de algún modo y en qué manera le merecerá la pena haber vivido esta estresante experiencia o por el contrario aparecerá como una nota negativa en su meritorio expediente vital?

En cuanto al Sr. Abascal poco hay que decir que no se haya dicho ya. Sabe, como todos sabemos, que la moción va a ser rechazada. Ha pretendido y conseguido que otro dé la cara por él, para no sufrir otra nueva derrota ante el Presidente, pero los ciudadanos saben que son VOX y su jefe de filas los que van a propiciar que Pedro Sánchez se dé un nuevo baño de gloria y triunfe en una moción de censura en los mismos umbrales de unas elecciones municipales y autonómicas. Las consecuencias parecen no importarle aunque sea el más perjudicado. Esa es su responsabilidad.

En esta tierra nuestra, cuando alguien actúa de manera ridícula, sin razón o torpemente, se le alude con el dicho «Eso no se le ocurre ni al que asó la manteca». En esta ocasión tenemos a quienes aplicárselo.

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