Imagen primitiva de la Virgen de Piedraescrita, de finales del siglo XIX, junto a la imagen que se verena actualmente, de 1940 / . D. CORTÉS

Apuntes sobre la Virgen de Piedraescrita y su coronación (II)

Se han cumplido 66 años de la Coronación de la Virgen de Piedraescrita. Un hecho que se conmemora cada año, aunque quizá muchos no sepan algunos de su pormenores, ya avanzados en el número anterior de HOY Campanario.

DANIEL CORTÉS
DANIEL CORTÉS

Jesús Aponte Ponce, párroco que fue de Campanario y rector del santuario de Nuestra Señora de Piedraescrita, recabó los votos favorables de las entidades representativas de los pueblos de la comarca y, con las letras comendaticias del Prelado, elevó preces a Roma, solicitando la doble gracia de la coronación canóniga y del patronazgo sobre La Serena. Se concedió la gracia de la coronación canóniga el 30 de diciembre de 1854. El rescrito de la Sagrada Congregación de Ritos proclamándola Patrona principal de Campanario y de toda la región de La Serena está fechado en el Vaticano a 6 de diciembre del mismo año.

El 22 de septiembre de 1955 comenzaron los actos de exaltación mariana que precedieron al solemne acto de coronación de la nueva imagen de la Virgen de Piedraescrita, que tuvo lugar el día 25. Campanario vivió el goce, vibró de entusiasmo y vistió las vistosas galas características de las vísperas de las grandes fiestas.

Los centros oficiales, las casas, las calles todas, vivieron el estremecimiento de una actividad febril. El color barroco de las colgaduras, banderas y gallardetes imprimió al pueblo una fisonomía nueva que tenía aroma de flores, color de primavera, fuerza de juventud, aspecto de día festivo. Con la breve interrupción a que el mediodía obliga, y a la tarde del día 22 de septiembre la entrega total al acto solemne con que la gran fiesta se inició: la llegada al pueblo del Excmo. y Rev. Sr. Obispo-Coadjutor, Eugenio Beitia Aldazábal, que acudió a la Cruz a recibir a la Virgen de Piedraescrita en su solemne entrada.

ENTUSIASMO

En lucida procesión, entre cánticos a la Virgen de Piedraescrita, el Sr. Obispo, bajo palio portado por las autoridades, fue conducido a la Parroquia, donde dirigió unas palabras de saludo a la multitud de fieles que llenaba totalmente la Iglesia. Les exhortó a redoblar el entusiasmo con que le habían recibido, cuando dentro de unos instantes acudieran a recibir a su Patrona, a la que dedicó un encendido canto en el que resaltó que su nombre, más que en la piedra que le sirviera de peana, o en la que mucho tiempo le sirvió de bovedilla, esté escrito en el corazón de cada uno de los campanarienses. El acto, verdaderamente emotivo, terminó con el canto del Himno de la coronación, entonado por todos los fieles.

Momentos después, el clero parroquial, con cruz alzada, acudieron a la Cruz de Piedraescrita, junto a la cual se hallaba ya la Virgen, traída desde su ermita a hombros de devotos. Una multitud ingente, abigarrada y devota, rodeaba la imagen de la Virgen, que lucía su manto encarnado bordado en oro. Rasgaron los cohetes los aires con su estruendo luminoso; la música lanzó a los vientos los acordes jubilosos y solemnes del Himno Nacional, y la multitud, que se arracimaba en las barrancas y desbordaba los caminos. Cantó con devoción y recogimiento la Salve popular, para terminar atronando el espacio con vítores encendidos, fervorosos saludos del corazón a su Madre y Patrona, a «La Barranquera», a la Virgen de Piedraescrita. Había musitar de rezos y lágrimas de emoción en los labios y en los ojos de estas gentes de Campanario y de todos los pueblos de La Serena.

En el anchuroso y magnífico escenario de la plaza, abarrotada por una multitud enfervorizada, la Virgen fue situada frente al Ayuntamiento, que lucía la galanura de su multicolor iluminación. Desde el balcón central hizo uso de la palabra el párroco de Campanario, Jesús Aponte, quien, en palabras emocionadas que hicieron vibrar de entusiasmo a sus feligreses y paisanos, cantó los dos grandes amores de su vida: la Virgen de Piedraescrita y el pueblo de Campanario.

Posteriormente, entre un ensordecedor clamor de vítores y un vistoso y emotivo tremolar de blancos pañuelos, la Virgen de Piedraescrita fue trasladada hasta la Parroquia, en cuyo Altar Mayor fue colocada, sobre magnífico y airoso trono, en espera del día solemne.

Fue coronada el 25 de septiembre de 1955 por el Sr. Obispo José María Alcaraz y Alenda, en ceremonia solemnísima que presidió el Nuncio de Su Santidad, Monseñor Hildebrando Antoniuti, acompañado del entonces Sr. Obispo-Coadjutor de la Diócesis, Eugenio Beitia, y de todas las autoridades provinciales y locales ceñidas por el inmenso gentío que abarrotaba por entero la amplísima Plaza de Jesús. Este acontecimiento fue el más grande de la historia de la Patrona de La Serena.

La corona de la Virgen de Piedraescrita fue adquirida por suscripción popular entre todos los hijos de La Serena, sin distinción de clases, con un humilde donativo de 35 céntimos cada uno; es una magnífica joya, una obra de arte.

NOTA: Los datos aquí recogidos, compilados y ordenados para este artículo, fueron publicados en distintos números del diario HOY.