Mantener la cultura popular

"No debe entenderse la cultura popular como inmovilista y contraria a la modernidad. A veces una falsa imagen de modernidad llevada por modas pasajeras puede ocasionar graves perjuicios sobre los bienes materiales e inmateriales de un pueblo"

Tradicional y singular 'abril' característico de los carnavales de Campanario. FOTO: FRAN H.
TRIBUNA

El Diccionario de la lengua española (DRAE) define la cultura como el  "conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etcétera..." Así mismo define cultura popular como el "conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo".

Por tanto es conveniente partir de la certeza de que una persona culta no es solo aquella que tiene estudios universitarios o superiores; no es exclusiva de artistas, ingenieros o doctores. La cultura es un bien común a todas las personas, en todas las épocas y en todas las circunstancias.

Campanario comparte en gran medida, como no puede ser de otra manera, la misma cultura popular que el resto de municipios de La Serena y de Extremadura, con destacadas singularidades como puede ser el habla, pues el contexto geográfico, histórico y socio-económico ha sido común para todos.

Hablar de cultura popular es hablar de los elementos constitutivos de nuestra identidad como pueblo, de la memoria colectiva que hemos heredado de nuestros padres y abuelos, de una forma de relacionarnos, de celebrar los acontecimientos de la vida cotidiana, de construir nuestras casas, de transmitir los oficios, las leyendas, los romances y coplas, etc.

Antes de continuar, es conveniente considerar una serie de factores que nos sitúen ante un posible debate entre cultura popular / modernidad. Por un lado, desde mi punto de vista no deben ser conceptos excluyentes, pues la misma cultura popular se desarrolla a lo largo de los siglos y experimenta también cambios y avances en función de la experiencia de las personas y de las relaciones con otros pueblos.

Por otro lado, no debe entenderse la cultura popular como inmovilista y contraria a la modernidad. A veces una falsa imagen de modernidad llevada por modas pasajeras puede ocasionar graves perjuicios sobre los bienes materiales e inmateriales de un pueblo.

Para poder expresar con claridad la importancia de mantener la cultura popular voy a proponer un par de ejemplos:

Arquitectura popular. Podríamos definirla, a grandes rasgos, como la "arquitectura hecha sin arquitectos", es decir la que crea edificios a través de la transmisión de unos conocimientos heredados de generación en generación. Usando materiales constructivos de la zona y adaptándose a las necesidades y/o posibilidades de cada familia se construyen una tipología de casas que identifican en gran medida a una sociedad. En nuestro pueblo, la casa tipo se corresponde con un inmueble en el que se hace compatible la residencia con la actividad agrícola y ganadera. Sin entrar en muchos detalles, la casa tipo se estructura en torno a un gran pasillo que permite el tránsito de animales hasta la cuadra y corral; habitaciones a ambos lado del pasillo; doblado que permita el almacenamiento de cereal y de otros productos, aperos de labranza, etc. Los materiales constructivos utilizados son básicamente los adobes, la tapia y la mampostería. Estos paramentos de gran grosor junto a los materiales utilizados permiten que las casas soporten mejor las temperaturas de verano e invierno que tenemos en Extremadura.

Es cierto que en la actualidad la situación ha cambiado en gran manera: nuevos materiales constructivos y  nuevas necesidades en el hogar exigen nuevas respuestas, pero sin embargo esta "arquitectura popular" no está tan lejos de la modernidad y muchos elementos que parecía que pasaban al olvido son recuperados con nueva fuerza en pleno siglo XXI y  los expertos tratan de crear "viviendas bioclimáticas", se habla de "reutilización de materiales", etc.

Folclore y fiestas tradicionales. El paso del tiempo ocasiona que las tradiciones cambien. En sí mismo considero que no es ni bueno ni malo, es solamente fruto del paso del tiempo. La Feria de abril tuvo orígenes ganaderos, como todas las ferias de todos los pueblos y ciudades, y hoy en día ha perdido ese carácter para transformarse en algo puramente lúdico. Otras celebraciones tradicionales han desaparecido prácticamente, como es el caso de la "fiesta de las cariocas" o "fiesta del membrillo"; otras se han mantenido con el paso del tiempo como "Los abriles" en carnavales, fiesta singular en todo el contexto de la comarca, y así seguro que los mayores recuerdan otras que a los más pequeños ni les suenan.

Y así podríamos continuar con otros muchos ejemplos que muchos hemos visto o escuchado: oficios tradicionales, juegos populares, etc.

Es cierto, ya no se "saca una canción" cuando algo curioso le sucede a alguien o sí, pero se deja para expresarlo sólo en algunos momentos como los carnavales. Pero, ¿debemos resignarnos a perder  nuestras tradiciones? ¿no es posible conciliar lo tradicional con lo nuevo? ¿no es posible que sobre antiguas tradiciones o fiestas se organicen actividades nuevas pero que mantengan esa conexión con lo tradicional? ¿qué podemos hacer ante la introducción de modas de fuera que afectan al folclore, a las fiestas o a cualquier otro aspecto de la vida cotidiana?

Son muchas preguntas y posiblemente cada cual tenga una respuesta, pero desde mi punto de vista, y volviendo al inicio de este artículo, sí es posible mantener nuestra cultura popular incorporando elementos nuevos y recuperando y actualizando lo que esté a punto de perderse o en el recuerdo de algunos.

Para terminar me pregunto un par de cuestiones: ¿Cómo mantener esta cultura popular? ¿A quién le corresponde la función de valer por ella? Considero que  son estas las dos preguntas fundamentales en este contexto. Reconozco que no tengo la solución, pero propongo  para la reflexión una serie de respuestas a estos dos interrogantes.

Por un lado, contacto intergeneracional, manteniendo viva  la transmisión de conocimiento de nuestros mayores al resto de la población. También a través de la educación, reforzando en la escuela los valores y tradiciones populares, los juegos y fiestas.

Asimismo es importante el asociacionismo, contribuyendo desde las asociaciones culturales, de vecinos, etc. a reforzar nuestras señas de identidad. A nivel institucional, se debería fomentar, apoyar e impulsar desde la Administración Pública el mantenimiento de nuestras tradiciones.

En definitiva debe ser una tarea de todos. Y es que, el mantenimiento de nuestra cultura popular nos compete a todos, todos somos los destinatarios y todos somos los que trasmitiremos a futuras generaciones el saber acumulado de generación en generación.