Una campanariense seducida por los verdes campos de Inglaterra

Gloria Gómez Palomino reside desde 1998 con su familia en Black Country, un pueblo de las afueras de Birmingham

Gloria con sus tres hijos en los jardines de una mansión inglesa. :: cedida
CAMPANARIENSES POR EL MUNDO

Carolina, la profesora inglesa que daba clases particulares en Campanario, fue crucial en la vida de Gloria Gómez Palomino y una de las que propició que la vida de esta campanariense quedara ligada a Inglaterra.

Aunque nació en Campanario en 1971, al ser hija de don Paco el maestro, que fue director del colegio, Gloria vivió fuera hasta los nueve años. No obstante, eso no impedía que las vacaciones las pasaran en casa de su abuela Juana. "Allí cabían todos y ahora seguimos cabiendo en casa de la abuela Gloria".

Gloria estudió en Campanario desde cuarto de la EGB hasta que terminó el COU en el instituto que entonces se llamaba Sagrado Corazón. Y fue en el verano del 89 cuando viajó por primera vez a Inglaterra, a casa de los padres de la referida Carolina. A partir de entonces no paró y después de hacer Filología en Cáceres se fue a Irlanda donde estuvo unos años. Allí conoció al que ahora es su marido, que es irlandés, y con el que volvió a Inglaterra en donde residen desde 1998.

En concreto, Gloria reside con su familia en un pueblo de las afueras de Birmingham, la segunda ciudad más grande del Reino Unido. En concreto, el pueblo es Black Country, cuna de la revolución industrial, donde vivieron personajes ilustres como Darwin, Elgar, Shakespeare o el también escritor J.R.R. Tolkien, que allí basó su famosa obra 'El Señor de los Anillos'. Un pueblo que está las puertas de la campiña inglesa: "Un lugar verde, muy verde, que exploramos los fines de semana y en las vacaciones de medio trimestre".

Gloria trabajó varios años de profesora de lenguas modernas en colegios de secundaria, hasta hace casi cinco años cuando nació su hijo. En concreto, tiene tres, dos niñas y un niño.

Pese a que disfrutan de los parajes verdes ingleses, Gloria admite que echan de menos "el amarillo de los campos en verano, el sol en invierno y  los atardeceres de primavera y otoño". Y es que cuando regresa a casa, ésta disfruta de lo lindo con sus hijos: "Vuelvo a casa en las vacaciones escolares con mis hijos y nos maravillamos con el espacio,  el buen tiempo, incluso en invierno. Nos gustan la calle, los parques y el campo. Y me encantan las 'viñas viejas donde mi abuela tenía una casa y pasábamos muchos días y noches, y La Guarda, donde mi otra abuela, María, tenía otra casa y hay animales y río donde correr aventuras". Asimismo, en su regreso siempre tienen una cita obligada, por partida doble: "A la ermita de Piedraescrita, donde me casé y celebré mi boda vamos recién llegados y al despedirnos".

Aunque, como es obvio, lo que más echa de menos en tierras inglesas es a su familia, Gloria reconoce que hay otras muchas cosas que extraña de su pueblo natal: "Echo de menos la libertad que inspiran los campos sin vallas, donde no llegas a ver el final porque el horizonte desaparece muy lejano. Mi viaje favorito es Birmingham- Madrid--Campanario. Simplemente porque observando el paisaje te va invadiendo la calma que transmite la transición de edificios y tráfico a campos de encinas y olivos y más tarde de cereales y trigo, y entonces entiendes porque Extremadura continúa como es. Llevo tantos años fuera que si he visto cambios y muchos  me gustan. Pero añoro otros tantos, que sonarán extraños porque quizás eran los que menos me gustaba cuando me fui, como las 'picotas'; a las vecinas sentadas en las puertas las noches de verano; a los vendedores de picón, de melones, de carpas o espárragos anunciando la mercancía a gritos;  a los hombres con sus sombreros volviendo del campo en las mulas; las fachadas 'encalás' y los techos de  caña y barro; los niños en las calles jugando a la goma, la comba o la pelota; la oscuridad al salir a las afueras; los setos del parque, el cine de verano..."

Gloria señala que en Inglaterra la omnipresente crisis también sobrevuela, aunque de forma diferente que en nuestro país: "La crisis ha afectado a todo el mundo, pero no a todos igual, por supuesto. Aquí se actuó antes y se sigue actuando, pero siempre ha habido más oportunidad de trabajo y sigue habiéndolo, aunque los sueldos son los mismos y el coste de todo más alto. Pero este país se mueve mucho, viajan, buscan, trabajan y aspiran a más y mejor, como individuos y como nación, y por eso saldrá adelante. Y eso es algo que empezamos a hacer también en España. Se valora el esfuerzo y la valía antes que la cuna".

Por ello, anima a sus paisanos a atreverse a buscar una oportunidad en el extranjero: "La lengua es muy diferente, pero eso no imposibilita a nadie que de verdad quiera viajar y buscarse la vida. El inglés ya se estudia en las escuelas y se ve y se oye por todas partes. Con unos meses de práctica en el país te puedes ir defendiendo y, estudiando en academia o por tu cuenta, poco a poco se consigue  el nivel suficiente para conseguir un buen trabajo. A todo aquel que quiera salir, le animo a que lo haga, pero preparado y con la mente abierta al cambio. Aunque se lleve la empanada o el 'hornazo' debajo del brazo, siempre hay que probar la 'pie' y el 'cake'.

Esta campanariense recuerda que cuando salió de Campanario, en su casa no tenían teléfono y llamaba entonces a su vecina Catalina. De hecho, antes "sólo se podía viajar con Iberia y los billetes había que comprarlos en agencia de viaje, en Mérida o Badajoz". Y cuando volvía a tierras inglesas iba cargada de comida española porque no había ni café. No obstante, "ahora nos comunicamos con el Skype y en los supermercados encuentro hasta queso de la Serena y hay, a mi parecer, casi más cafeterías por metro cuadrado que en España".

En definitiva, que Gloria se ha acostumbrado a vivir en Inglaterra, donde ha hecho su vida y se encuentra cómoda. Eso sí, sin olvidar sus raíces. De ahí que en su casa de Black Country haya un rinconcito para la Virgen de Piedraescrita y que su mente siempre la tenga puesta en su vuelta a Campanario, donde su espíritu festivo no tiene punto de comparación con el inglés. "Yo no soy de mucho salir pero me gustan las fiestas de mi pueblo y aquí sí que no hay comparación. Las fiestas se disfrutan con la familia y los amigos por lo que las mejores son las de casa. Hasta ahora nos venimos en Navidad, Semana Santa y pasamos casi todo el verano en Campanario". Además, recalca que el próximo año será especial, porque tras la romería celebrarán la fiesta de la generación del 71 y ya advierte que no piensa faltar.