Esplendor de la Semana Santa en Campanario

El autor, hermano mayor del Santísimo Cristo de la Expiación y María Santísima de la Victoria, se adentra en las peculiaridades de la Pasión campanariense

Imagen del 'Burrito' en su tradicional salida el Domingo de Ramos. FOTO: F. J. F. G.
OPINIÓN

Desde muy pequeño, la Semana Santa ha sido una de mis pasiones, si no la que más. A veces, me pregunto por qué me atrae tanto el mundo de las Hermandades. La mayoría de los cofrades lo son por tradición (los padres o los abuelos suelen inscribir a los hijos o nietos), por cercanía a los lugares de culto de las imágenes o a los recorridos de las procesiones o bien, por amistad o relación con los miembros de una determinada Junta de Gobierno. Yo no cumplía ninguno de los anteriores requisitos. Estas circunstancias me han hecho conocer las Hermandades de otra manera.

Han cambiado mucho las cosas desde que comencé a ser cofrade. Se han mejorado muchas cosas y otras siguen aún por corregir. El punto de inflexión fue la creación de los cuerpos de costaleros. Los costaleros, por mucho que se critique, han sido y son la fuente de la que se nutren las Hermandades y los que han hecho que algunas de ellas no desaparezcan. 

Se reprocha que los costaleros no son gente de Iglesia, que muchos solo aparecen para sacar la imagen. Como capataz, puedo decir que hay de todo. Si bien es verdad, hay un número importante de costaleros que no suelen llevar una vida activa de cristiano. Es una de las asignaturas pendientes de las Hermandades.

Se puede decir que la Semana Santa de Campanario se encuentra en pleno esplendor. Los costaleros han sido un factor decisivo, pero no el único. El apoyo incondicional de la Parroquia de Campanario y la preocupación del párroco por el buen funcionamiento de las Hermandades, en particular, y de la Semana Santa, en general, han contribuido a conseguir esta mejora. 

Ha habido multitud de cambios: recorrido de las procesiones del Burrito, Prendimiento y Cristo de la Expiación, redacción y puesta en vigor de los reglamentos que rigen la vida de las Hermandades, participación en el Lavatorio de pies de Jueves Santo y la organización de la procesión del Corpus, así como asuntos de índole interna que permitan una mayor comunicación con los Hermanos y una mayor transparencia.

Quiero resaltar que la mayoría de estos cambios fueron duramente criticados y que en la actualidad todos nos alegramos de haberlos acometido. No podemos aferrarnos a lo pasado, los cambios se hacen por bien. Si todos en vez de criticar colaborásemos más nos iría mucho mejor.

En los próximos años, si no cambia la tendencia seguirá este crecimiento de la Semana Santa. Debemos colaborar entre todas las Hermandades para intentar mejorar nuestros puntos débiles y para optimizar recursos. Con los ínfimos recursos de los que disponemos, si no fuera por el trabajo desinteresado de tantas y tantas personas que invierten su tiempo en las Hermandades nada sería posible. 

Aunque no son tantas. Campanario no es un pueblo cofrade. Nos acordamos de la Semana Santa cuando llega el miércoles de ceniza, no existe la idea de "hermandad todo el año". Mientras esta idea no entre dentro de nosotros, no tendremos una gran Semana Santa.

Gracias a Dios, no todo son inconvenientes. A los cofrades de verdad nos encanta este tiempo. Tiempo de ensayos y de preparativos, de ajetreo y de compartir vivencias, de fe y de sufrimiento, de sentimiento y de devoción. 

Y es que la Semana Santa es eso. Es una amalgama de sentimientos que nos da la fuerza necesaria para el Domingo de Resurrección comenzar la cuenta atrás para el año que viene.