Campanario vive hoy su popular 'Noche eterna' de las fiestas de agosto

Se trata de una cita instaurada por los jóvenes para alargar la noche del 14 hasta el amanecer del día 15

Aspecto que presentaba el ferial de Campanario el pasado sábado. FOTO: FRAN H.
FERIA DE AGOSTO

Campanario vive hoy su conocida 'noche eterna' de la feria de agosto. Un evento que popularizaron en su día los jóvenes que aprovechaban el día festivo 15 de agosto para alargar la noche del 14 hasta las primeras luces de la mañana del 15.
Esta cita, desde que se instauró, ha atraído a numerosos jóvenes de diversas localidades de la comarca que unidos a los emigrantes que estos días están en el pueblo, convierten la 'noche eterna' en la más concurrida de las fiestas de agosto. Primero cuando la cita era en el parque de la Constitución, y luego más tarde en las proximidades del ferial, que es donde se celebra el 'botellón', que es lo que primero se frecuenta antes de ir a las casetas del ferial.
Por su parte, hoy en el auditorio-caseta municipal tendrá lugar la actuación de la orquesta 'Casablanca' que amenizará la verbena popular.
Sobre las fiestas de agosto, ha escrito un artículo en el número 7 de agosto de HOY CAMPANARIO nuestro colaborador habitual, Bartolomé Miranda Díaz , el cual por su oportunidad e interés reproducimos a continuación:
No está nada claro el origen de esta fiesta que nuestros mayores, no obstante, recuerdan como una pujante feria de ganado. En ella, hasta los años sesenta, se vendían principalmente cerdos destinados al engorde para la matanza.
La prensa regional de la década de los treinta y cuarenta (La voz extremeña, Hoy, etc.) es, tal vez, la evidencia más antigua de esta tradición que, desafortunadamente, no ha resistido el paso de los años. Nuestros paisanos Juan Sánchez y Zacarías de la Cruz achacan (en la Enciclopedia de Campanario) el decaimiento de esta feria ganadera a la fuerte emigración producida en los años sesenta.
Pero curiosamente, sería la vuelta estival de esos mismos emigrantes, los que un día se fueron en busca de trabajo y regresaron al pueblo con sus familias para pasar las vacaciones, la que, ya en los ochenta, volverían a resucitar la feria. Aunque eso sí, con un carácter totalmente lúdico.
Desde entonces, y para festejar la vuelta de aquellos "hijos pródigos" agosto cambió para siempre los improvisados corrales ganaderos por las terrazas, las verbenas y las sesiones de cine. Actividades que, poco a poco y tras la inauguración de la Caseta Municipal en el año 1984, fueron complementándose con otras muchas dedicadas tanto al entretenimiento de la chiquillería, como a la de los mayores.
Aparecieron entonces las 24 horas de baloncesto; los concursos de ajedrez, pesca y tiro al plato; las sesiones de Músicas del Mundo; las vaquillas; las piñatas; las exposiciones de pintura, los conciertos de pop-rock; la 'noche eterna', y muchas otras que terminaron por llenar de ocio, cultura, deporte y alegría todo el mes de agosto y parte de septiembre.
A día de hoy, la feria ni es como la primitiva, ni es como la resucitada en los ochenta. El cambio de costumbres, la no plena integración de los hijos de aquellos emigrantes (ya 'forasteros') y la salida del pueblo de nuevas generaciones (en su mayoría licenciados), han provocado que el ciclo se repita, con inauguración de caseta incluida (la de 'el moquillo', en 1999).
Pero mejor o peor feria que antaño (para gustos los colores) hay algo que ayer, hoy, mañana y siempre estará presente en la feria: el "cerdo". Ese animal que en agosto (y en todo tiempo), consumimos en las terrazas de los bares y en la caseta Dolores del pantano o metemos en el maletero de nuestros coches, previamente embuchado a manera de chorizo, salchichón, morcilla o lomo, ya camino de una "taca" de Campanario, ya destino a una despensa de Bilbao, Sevilla, Madrid o Barcelona.

En el recuerdo
Si alguien pidiera a los de mi generación que resumiera o definiese la feria de agosto en dos palabras, la inmensa mayoría dirían: noche eterna. Pero yo en este caso preferiría decir: -"calimocho y pizquillas". Calimocho (vino con fanta de limón) y pizquillas (una especie de gusanitos cuadrados con sabor a queso) es lo que bebíamos y comíamos en aquel banco corrido del parque para acompañar la charla, las risas y las miradas, de aquellas noches interminables de ligues, amistades, juegos, chistes y chismorreos. Aquella especie de plaza de toros improvisada, reunía en torno a si a jóvenes de casi todas las edades entre los 16 y los 25 años. Unos y otros poblábamos los palcos de aquel ruedo quedando reservadas las localidades de sombra para el cortejo y los besos. Los clarines y las trompetas tenían también un sitio fijo, y ese era el banco más cercano al kiosco, ya que menos distancia es igual a más calimocho, más cerveza y mucho más cante (-d = +c3 ). Mientras, las mantillas ocupaban un lugar destacado junto al cabezón del Gallardo, jurado impertérrito de una fiesta en la que nunca faltaron los cuernos.
Los "picaores", también presentes, vestían la misma ropa todas las noches, de azul y con gorrita, y era típico oirlos decir: "Fuera del kiosco no se pueden tomar bebidas alcohólicas". A lo que todos respondimos siempre: "Agente, es mosto con limón".
Terminada la charla del parque, a eso de las 00:30 o la 1:00, la inmensa mayoría marchábamos por la puerta pequeña, frente al actual Centro de Salud, camino de los 'Antoni`s' para pasar después a la 'Strómboli' donde agotábamos el resto de la noche. Los más afortunados, no obstante, salían por la otra puerta, "la grande", síntoma de una buena faena cogidos de la mano, de un él o de una ella, camino de la estación dispuestos a no coger el tren.
De todo aquello, apenas quedan fotos, pero sí muchos recuerdos, grandes momentos y mejores amistades (s-nitram anitsirc).