Panorámica de la feria de febrero en Villanueva a principios del siglo XX.
Panorámica de la feria de febrero en Villanueva a principios del siglo XX. / FOTOS PARA EL RECUERDO/J. BARCO

La feria de febrero de Villanueva

  • tribuna

  • Muy característicos eran los allegados de la cercana población de Campanario, marchantes y chalanes muy profesionalizados, que pronto se hacían notar entre la multitud de forasteros que por entonces se concentraban en Villanueva

Cuando hablamos de la riqueza de nuestra comarca solemos asociarla a su ganadería ovina y no por ello nos alejamos de la realidad, es la que pervive y sus quesos y sus carnes son de las más apreciadas del país. Pero hace un tiempo, no muy lejano, la cabaña equina ocupaba un puesto preferente en la economía, tan limitada entonces en la mayoría de las familias, ocasionando un subsistema comercial muy interesante, haciendo de ello oficio de tratantes y chalanes.

De pequeños a medianos y grandes labradores, todos tenían necesidad de esa fuerza que aliviara la dureza de la tareas campesinas y todos, desde el que araba con una canga, hasta el labrador de varias yuntas, tenían a sus animales como un elemento imprescindible en su trabajo.

Era tan numerosa la cabaña como lo eran los oficios que, a la sombra de ella, completaban el sistema.

Una pléyade de ellos, hoy desaparecidos, convivían al socaire –“socuello” decimos por aquí- del oficio del campo al que daban cobertura.

Idea nos da que, en lo que conozco, Villanueva, múltiples artesanos proliferaron para cubrir la demanda de las gentes del campo.

Hasta siete guarnicioneros se llegaron a contar, guarnicioneros que cubrían las exigencias de la prolífera cabaña equina, componiendo jáquimas para las mulas, arreos y ante royos para el tiro, cabezales de paseo, colleras, monturas, bozales y trastes de los segadores...

Varios albarderos, o hacedores de albardas de bálago, lona y cuero, para amortiguar el peso de la carga sobre el lomo de la caballería.

No pocos 'esquilaores', con su máquina de peine y tijeras, y acial para inactivar al animal mientras le aligera el pelo, o lo adecenta para la feria de febrero.

Herreros que con sudor y brasas aguzan la reja desgastada por la tierra, o con pericia y fuerza, encaja la llanta en la descomunal rueda de los carros.

Carreteros. Varios en el pueblo. Surten de carros a carreros y labradores.

Se contaba también con cordeleros que dotan el mercado de maromas de arrastre, sogas de cabestros, lías, cordeles y cabezales de lía. Una legión de herradores, guarnicioneros, cordeleros, todos cerrando el círculo económico del momento. Artesanos conocidos, de clientela fija y pequeño taller de maestro y aprendiz, insondables en el tiempo, que fueron pasando la antorcha durante generaciones.

Oficios que florecieron a la sombra de la agricultura tradicional y al mutar ésta, supuso, para el artesano, su pérdida o su transformación derivada de la fuerza de la supervivencia.

En la ciudad la actividad agrícola- ganadera llenaba todo. De su importancia, ya, en los años veinte, tenemos noticias de la existencia de una asociación agrícola con carácter sindical a la que pertenecían los ganaderos: 'Junta Local de Ganaderos'.

Más sorprendente resulta la capacidad asociativa que tienen los hombres del campo para hacerlo durante la dictadura del General Franco, incluso de forma paralela a la Hermandad de Labradores y Ganaderos, a la que se pertenecía de forma única y obligada por la peculiaridad del régimen.

Sólo es explicable por la importancia económica que debió tener el ganado en la vida de estos hombres hasta bien entrado los años sesenta, cuando la maquinaria agrícola sustituyó de forma irreversible al tiro caballar y hubo que adaptarse a otras economías.

El tipo de agricultor en Villanueva es medio y escasamente propietario. Compagina la actividad agrícola con el trato de ganado, fundamentalmente mulas, que unos poseían para la labor y otros para transacciones, suponiendo estas un complemento necesario a sus ingresos familiares. Es lo que explica el auge de la Feria de Febrero de Villanueva, a la que se considera como de las más importantes del mercado español. Hubo gente que se dedicó al “trato” directamente o bien eran corredores o intermediarios de marchantes de la zona, principalmente de Campanario, Salamanca o La Mancha. Conocí alguno de ellos y a sus familias, que mantuvieron sus relaciones mientras vivieron los mayores.

Era tal la importancia del ganado en la vida de esta gente que hizo preciso crear un sistema de seguro para casos de deceso por enfermedad o accidente de los animales a fin de cubrir la quiebra que pudiera ocasionar. Me consta que dos mutuas se organizaron. Una era “La Serena”, la otra “La Previsión del Labrador". Lo sorprendente de todo es el modelo de asociación, de carácter local, autónoma y sin intermediarios.

En síntesis funcionaban de la siguiente manera: una directiva, elegida entre los miembros, una o dos veces al año, tasaba a los animales que cada socio presentaba. Este peritaje constituía el capital que aportaba a la sociedad. La suma total del valor de la cabaña, sería el total asegurado. El capital de la mutua.

En caso de muerte de algún animal, por causas naturales, enfermedad o accidente, los socios abonan al propietario el valor de la caballería afectada, según el peritaje previo, en proporción al propio capital declarado, de modo que el que más tiene, más aporta. El sistema resulta ser solidario y equitativo. Sin cuotas, sin entradas. No más gastos que el derivado de la compensación al que realizaba los cálculos, simples reglas de tres, y rellenaba los recibos. Hombre respetado y algo más puesto que los demás en eso de los números.

Preponderancia especial tuvo en la comarca la feria de Villanueva que se desarrollaba en los primeros días de febrero. Era de las primera del año, y gozaba de gran prestigio, las transacciones eran muy numeras, como numeroso era el ganado que se presentaba, equino fundamentalmente, y los precios marcados servían de referencia a las demás. Los animales que habían sido motivo de venta se arremolinaban en el embarcadero del ferrocarril, donde el bullicio era constante, y la pugna y discusiones entre los tratantes que hacían cola para hacerse con un vagón donde embarcar su ganado, eran continuas e incluso se oía de algún soborno que otro en busca de prioridades. Todo esto ya pasó y del embarcadero el desuso justificó durante años su abandono y del abandono a su ruina. Hoy, el espacio que ocupaba lo ocupa una moderna urbanización y de lo que fue no queda rastro.

No puedo certificar la antigüedad de la Feria en Villanueva, pero si testificar de su impacto en la zona. Al rodeo de la misma acudían en masa campesinos y ganaderos de todos los pueblos limítrofes, unos con ganas de comprar, otros de vender. Muy característicos eran los allegados de la cercana población de Campanario, marchantes y chalanes muy profesionalizados, que pronto se hacían notar entre la multitud de forasteros que por entonces se concentraban en Villanueva.

No hay referencia a la feria de ganado, aunque sí al mercado de los sábados, en el Interrogatorio que manda hacer la Real Audiencia de Cáceres, a finales del siglo XVIII, por lo que debió instaurarse durante el siglo XIX por las menciones que se hace en las actas municipales de la época; se la ubica en los terrenos de la finca del “Quintillo”, propiedad del Marqués de Perales, hasta que se instaló en el sitio de la “Cruz del Pozo Viejo” aunque alguna vez, sin saber porqué, se llevó a cabo en el entorno de “La Laguna”.

Un documento de fiar es la revista 'Tierra Extremeña'. Está fechada en 1921 y, su segundo número, es un monográfico de La Serena, aunque la mayoría de sus páginas están dedicadas a Villanueva. En ellas aparecen las autoridades del momento, algunas noticias que hoy resultan curiosidades, entrevistas y un amplio muestreo de la vida comercial del pueblo a través de los mensajes publicitarios de las tiendas e industrias que daban vida a la ciudad y posibilidades a la publicación. Hay algunos datos curiosos, como es el estudio llevado a cabo para la instalación de una central telefónica que completaría las comunicaciones con el Correos y el Telégrafo, de lo que ya disfrutábamos, o el intento de trasladar, a otra ciudad, la Zona de Reclutamiento.

En ella nos describe a una ciudad industriosa y comercial: “Celebra dos ferias a cual más importante, por las numerosas transacciones de ganados y otros productos que en ella se verifican; siendo la primera en los días 2, 3 y 4 de Febrero, y la segunda durante los días 27, 28 y 29 de mayo.” Tengo que reconocer que ignoraba esta feria de mayo, pero que debió perdurar hasta después de la Guerra Civil, como me han testificado muchas personas. La feria de febrero estaba orientada al ganado equino y la de mayo al ovino, muy abundante en la zona. Se la llamaba la feria de los borregos, pues era costumbre, entre los labradores, en esas fechas, hacerse de un borrego para la cena de la matanza.

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