Franz Gómez durante una representación teatral.
Franz Gómez durante una representación teatral. / F. G.

«El regalo del teatro no es el aplauso, es el silencio; ahí sabes que el público te sigue»

  • gente cercana

  • Franz Gómez ha hecho de la interpretación su vida, una vocación que empezó en Campanario, con sus padres y hermanos

Francisco José Gómez Sanz, conocido artísticamente como Franz Gómez, es un actor de 28 años muy querido en Campanario. Y es que pese a ser manchego de nacimiento, su condición de ser hijo de una campanariense, Paqui Sanz, le ha hecho ganarse el cariño de este pueblo, en donde pasó buena parte de su infancia. De hecho, como reconoce, "me considero de Campanario como el que más porque aquí también he crecido y soy quien soy gracias a este pueblo".

Después del instituto se marchó a Madrid a estudiar interpretación con Carlos de Matteis. Y desde entonces, ha participado en numerosas obras de teatro. La más importantes para él: 'Estupro en la casa de los diablos', 'Hablando con Peter', 'Quiero ser como Rocky', 'Grumitos de cacao', ´'Píntame', 'Dulce Carolina' y 'Cosmética del enemigo'. También ha hecho cine, habiendo estado presente en películas como 'Hasta el final del camino', 'Mi vida es el cine' o 'Hermano Mayor', al tiempo que también ha estado presente en series televisivas, como 'Aida', 'Bienvenidos al Lolita', 'IP', 'El accidente', 'Centro Médico' o 'Ajuste de cuentas'. En definitiva, un todoterreno de la interpretación.

--Como actor, ¿qué le atrae más, ponerse delante de una cámara o subirse al escenario de un teatro con un auditorio abarrotado?

--Me atraen las dos cosas. A mí lo que me gusta es interpretar y contar una historia; sea para quién sea. Sí que es cierto que el teatro te da una reacción inmediata del público y eso me hace conocer un poco más la felicidad al instante. Pero he salido de rodajes llorando de alegría por lo bien que me había sentido mientras trabajaba. Mi trabajo me hace muy feliz, de ahí mi tristeza cuando no consigo trabajar todo lo que me gustaría.

--¿Con quién y cómo le picó el gusanillo por el teatro?

-- La culpa de todo la tiene mi padre, Rafael Gómez, y mi familia. En mi casa el teatro es una pasión que nos ha hecho discutir muchas veces, pero creo que cuando echamos la vista atrás, todos nos sentimos muy orgullosos de lo que hemos logrado juntos toda la familia; mis padres y mis hermanos juntos. 'Estupro en la casa de los diablos', que representamos en Campanario, fue el momento más feliz de mi vida. Soy actor profesional gracias a este pueblo. Fue en el campo de fútbol viejo cuando me dije: "¡Quiero ser actor!". Mi vida cambió en ese instante. Ver a tanta gente poniéndose en pie cuando yo solo tenía que saludar, fue para mí el principio de todo. Todos los días pienso en retirarme, todos, porque este oficio es un carajo gordo. Pero esa noche me recuerda por qué empecé en todo esto.

--¿Algún maestro que le haya servido de espejo?

--Mi maestro en todos los sentidos de la palabra es mi padre. Mi maestro en el colegio, en el teatro y en mi vida. En Madrid tuve a Carlos De Matteis, que me hizo ser más profesional. De todas formas, si te digo la verdad, cuando me miro al espejo me veo a mi (risas). Ser uno mismo te hace ser mejor.

--Además de interpretar, ya compuesto incluso sus propios montajes teatrales, como 'Quiero ser como Rocky' o 'Dulce Carolina'. ¿Con algunos de ellos ha llegado a sentirse pleno por la acogida que tuvieron?

--Precisamente esas dos obras de teatro que mencionas son los montajes que me hacen estar orgulloso de mi trabajo. El público conecta con esas historias, se ríen, lloran y reflexionan sobre ellos mismos. Siempre salgo feliz cuando entro en el camerino después de acabar esas representaciones.

--Supongo que para el actor, el aplauso del público es el mayor halago ¿no?

--El aplauso lo aprovecho para dar las gracias. El público también espera a ese momento para dar las gracias a los actores. Pero el regalo se descubre antes, en el silencio. Ahí es donde sabes que están contigo. Ahí sabes que están dentro. Luego está la risa, y ese ambiente que se crea cuando una obra de teatro está gustando de verdad. Pero el silencio de un teatro lleno de gente… eso me hace sentir que lo que está ocurriendo en el escenario es más importante que cualquier otra cosa.

--Siendo tan joven, supongo que todavía tiene muchos sueños que cumplir en este mundo. ¿Cuáles tiene en mente?

--Pues muchos, muchísimos. Soy muy ambicioso, por eso sufro tantas ansiedades. Pero me gustaría crear mi propia compañía de teatro, y ojalá se convierta después en un productora cinematográfica. Quiero tener el poder de crear mis propias historias, mis propios personajes, es lo que más ilusión me hace. Pero también me gustaría dar trabajo, hacer un equipo enorme trabajando juntos para contar historias. Ojalá se apunten conmigo muchos más. De momento son sueños, pero ya veo indicios de realidad.

--Sus representaciones en Campanario siempre son especiales y suele llenar el Olimpia…

--Me siento muy querido en Campanario. A veces no me explico por qué. Escribo para ese público siempre, no quiero defraudarles. No quiero perder ese cariño. No es mi pueblo, pero como si lo fuera. Tengo mis amigos, mi familia, y mi niñez también ahí.

--Por lo que veo, sus interpretaciones imitando la forma de hablar de la gente de Campanario arrasan en las redes sociales ¿no?

--Sí. Y tengo que reconocer que me dio miedo al principio. No sabía si la gente se lo iba a tomar a mal. Pero al contrario, entendieron que fue un homenaje. Para mí lo es. Esa manera de hablar y de expresarse, es de ese pueblo nada más. Es lo que hace que se le tenga tanto cariño, lo hace único. Seguramente vuelva a aparecer ese personaje de Campanario. Espero que lo disfruten otra vez.

--¿En qué proyectos trabaja ahora?

--Sigo escribiendo. Escribo poesía para liberarme de todos los sentimientos que tengo a diario. Pero el teatro siempre está en mi mente. Tengo nuevas obras de teatro que pronto habrá que estrenar, en Campanario por supuesto. Y mis amigos que se dedican al cine y al mundo audiovisual me están reclamando que escriba algo para ellos. Ya tengo cosas en mente, como una webserie cómica llamada 'El tasi'.

--¿Está muy vivo el teatro hoy en día? ¿o quizás le cuesta enganchar al público?

--El teatro está muy vivo siempre. Otra cosa es que la gente vaya a verlo tanto como se iba antes. Si la gente supiera que hay obras de teatro que les van a hacer vivir experiencias tan bonitas como ver el musical de 'El Rey León', irían más al teatro y les regalarían una entrada de teatro a su novio o novia cada fin de semana. Pero la gente no lo sabe. Y eso es culpa nuestra, de los que nos dedicamos a esto. A veces pensamos más en nosotros que en el público y por supuesto en las ayudas que tenemos, que son pocas o se las reparten siempre los mismos o directamente no llegan. Es otro sueño que tengo; hacer que el teatro se convierta en una bonita afición familiar.

--Creo que su éxito reside en la frescura y en abordar temas de actualidad ¿no es así?

--Intento aprovechar mis obras de teatro para decir lo que me da la gana. Soy más yo en un escenario que en la calle. Más sincero. Me es más fácil expresarme con el lenguaje actual. Prefiero decir "te quiero mucho joe', que "os amo señora mía". Me suena más real, más de verdad. No me gusta engañar a la gente y si lo hago, que nadie se entere. Los actores somos los magos de los sentimientos; y los trucos hay que renovarlos con el paso del tiempo.

--En cuanto al cine y a las series de televisión ¿tiene algo a la vista o ahora está centrado en el teatro?

--Si claro; me gusta todo. Hasta me encanta contar cuentos a los niños. El teatro no lo voy a dejar nunca, pero el cine y la televisión, aparte de que ganas más dinero, me dan unas satisfacciones increíbles. Y me encanta el cine. Veo tres películas diarias. También me encanta la televisión porque es donde la gente se refugia para olvidar todos sus problemas. Y me gustaría formar parte de todo eso. Me gusta hacer feliz a la gente, aunque sea solo hora y media.

--¿Se puede decir que ahora mismo vive de su profesión de actor?

--Sí, se puede decir porque estoy vivo (risas). Pero si se vive bien, o feliz, si quieres te dejo mis zapatos y lo ves. En realidad es muy complicado. Soy un parado que no para de trabajar. Mi cabeza no para de crear y pensar en teatro. Pero no puedo hacer todo lo que quisiera. No quiero ser un actor frustrado; así que más vale que me ponga las pilas ahora que tengo ilusión. No me quiero dedicar a otra cosa. Estuve de camarero este verano y miraba a los clientes como si fueran personajes. Veía mil historias en cada familia. Soñaba con ser ellos. Claro, es que ellos estaban de vacaciones y yo estaba currando; lógico (risas). Reconozco que estoy como una regadera. 'Estoy como Marino', como dicen por aquí.

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