Francisco, con su inseparable perra 'Chispi', cuidando sus ovejas.
Francisco, con su inseparable perra 'Chispi', cuidando sus ovejas. / ADRIÁN ROCHA

"El oficio de pastor se hace más fácil con mi perra"

  • GENTE CERCANA

  • Francisco Manuel Mellado es un pastor de 26 años, que este verano ha estado cuidando sus ovejas en la 'Jarda' de Campanario

Coronado con su sombrero de paja, que según el día alterna con una gorra visera, Francisco otea el horizonte y no pierde de vista al ganado. Con una silla plegable cruzada a la espalda, imprescindible para combatir tantas horas seguidas de pie en el agostadero, atraviesa la rastrojera acompañado de su fiel compañera, ‘Chispy’. Su perra es vital en su trabajo y cuando las ovejas se alborotan, es ella la que le ayuda a poner orden.

En un pueblo tan eminentemente ganadero como Campanario, no es raro ver a un pastor al pie de su rebaño. Lo que sí es inusual es que el que pastoree sea un joven de 26 años, como es el caso de Francisco Manuel Mellado Sánchez. Su presencia durante el verano ha sido una constante en la ‘Jarda’ de Campanario. Allí ha estado pastando su ganado, pero durante el año sus ovejas se recogen en una explotación de la localidad campanariense, en el paraje del Tercio Malillo, que este vecino, natural de Castuera, lleva junto con su hermano de 22 años.

--¿Cuál ha sido su trayectoria profesional hasta que decidió tener ovejas?

--Empecé a trabajar muy joven, a los 14 años. Lo compaginaba con los estudios. Así, fui carpintero, también trabajé en un supermercado y luego estuve en una fábrica de turrón en Castuera ocho años, hasta que al final decidí coger el negocio del ganado con mi hermano aquí en Campanario.

--¿Y cómo y por qué decidió dar el salto a la ganadería?

--Somos la tercera generación de ganaderos. El negocio lo inició mi abuelo y también mis tíos han tenido ovejas. Sin embargo mi abuelo ya tiene 81 años y alguien tenía que coger el relevo. Y entonces mi hermano y yo fuimos los que nos decidimos a dar el paso y entre los dos nos encargamos del ganado. Yo ya llevo tres años con las ovejas.

--¿Se reparten el trabajo?

--Sí. Mi hermano está sobre todo en la finca, atendiendo a la paridera. Y yo me dedico más bien al pastoreo. El caso es que nos compaginamos y de momento nos organizamos bien para suplirnos el uno al otro.

--¿Qué le atrajo de esta profesión?

--La verdad es que siempre me ha gustado todo lo relacionado con el campo y desde pequeño he mamado el oficio. Con los años he ido cogiendo cosas. Cuando venía al campo, veía como paría una oveja, me quedaba con lo que había que echarlas de comer…

--¿Es tan duro el oficio como lo pintan?

--Si es duro, aunque también ha cambiado mucho. Antes por ejemplo no había alambradas, tampoco barreñones y lo cierto es que se ha modernizado un poco. El problema es que tienes que venir todos los días del año, porque son animales y necesitan comer a diario. Y en ese sentido es una profesión muy esclava. No es como la agricultura, que siembras la tierra y, aunque estás pendiente del tiempo, te olvidas hasta la cosecha.

--¿Les quita entonces el trabajo mucho tiempo para la diversión?

--Como te dije antes, es una suerte que estemos dos en el negocio, porque cuando mi hermano libra un domingo, trabajo yo y viceversa. De esta forma, por ejemplo, podemos salir con nuestros amigos los fines de semana, como cualquier joven.

--¿Cómo es un día normal de pastoreo?

--Pues me levanto muy temprano, a la venida del sol. Si voy a la finca, lo primero que hago es echar de comer al ganado. Y si estoy en la rastrojera, saco a las ovejas para que coman. En caso de que haya paridera, hay que revisar las ovejas que han parido y estar pendiente de los corderos, para que salgan adelante los máximos posibles. En verano, sobre la una suelo irme a casa y vuelvo a las cinco y estoy hasta que anochece, mientras que en invierno, en la finca, comemos allí y nos recogemos sobre las seis y pico, cuando ya no se ve.

--¿Cómo mata el tiempo mientras está pastoreando?

--En la rastrojera son muchas horas de pie, y cuando las ovejas están comiendo están tranquilas, por eso me traigo mi silla y me siento. A veces escucho música, pues me gusta mucho el rock. También me traigo algún libro y leo. El último que he leído es ‘Bora bora’, que trata de un indígena y que me enganchó. Y otras veces estoy con el móvil… Cualquier cosa es buena para estar distraído. Luego, si estoy en la finca, suelo irme muchas veces al río.

--¿Es difícil controlar tantas ovejas?

--Nosotros tenemos unas 800, pero para traerlas a la rastrojera las cortamos por la mitad y aquí están unas 400 y pico. Controlarlas no es difícil, sólo hay que estar un poco pendiente para que no se vayan a la carretera o se coman algún olivar. En definitiva, cualquiera que se lo proponga puede desempeñar el trabajo de pastor sin problema.

--Además, veo que tiene una buena ayudante con su perrita ¿no?

--Si. ‘Chispy’ es mi mejor compañera y la que me hace gran parte del trabajo. Con un silbido ya sabe lo que tiene que hacer y dónde tiene que ir. Ya tiene sus años y sabe incluso más que yo. Con mi perra, el oficio de pastor se hace más fácil.

--¿Conoce a todas sus ovejas?

--De momento no, aunque aquí en el campo se aprende todos los días y algún día las tendré a todas controladas. El que sí las conoce es mi hermano. Por la cara sabe qué oveja es, que trayectoria trae, cuántos corderos ha parido… Es un don que tiene desde pequeño.

--¿Es rentable hoy en día el ganado ovino?

--Lo cierto es que la subvención ayuda bastante. Si sacas rendimiento. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los ganaderos están de arrendamientos, también hay que gastar mucho en la alimentación de los animales, pero la subvención es un incentivo importante. Sin las subvenciones la gente no estaría desahogada. Lo que está claro es que si quieres empezar de cero en este oficio, cuesta mucho arrancar. Lo ideal es heredarlo de tu familia y haberlo mamado desde pequeño.

--¿Se encuentra cómodo siendo pastor?

--Si y cada día que pasa me siento más cómodo, porque vas aprendiendo cosas y ya no es tan difícil como al principio. Además, lo bonito de este trabajo es estar en contacto directo con la naturaleza y eso es algo que me encanta. De hecho, a los jóvenes les recomendaría que disfruten del campo y no estén tan metidos en casa.

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